Murió ‘pepe’ Mujica a los 89 años de edad

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José Mujica
José Mujica

CÁNCER SE LLEVÓ A EXPRESIDENTE DE URUGUAY QUE FALLECIÓ EN SU CHACRA

José ‘Pepe’ Mujica, expresidente de Uruguay, falleció a los 89 años de edad. En enero anunció que su cáncer de esófago se había extendido al hígado y que no continuaría con tratamientos médicos. El exmandatario expresó su deseo de pasar sus últimos días en paz en su chacra en las afueras de Montevideo, acompañado por su esposa, Lucía Topolansky. Conocido por su estilo de vida austero y su compromiso con la justicia social, Mujica fue una figura emblemática en la política latinoamericana.

Durante su presidencia entre 2010 y 2015, Mujica impulsó reformas significativas como la legalización del matrimonio igualitario y la regulación del cannabis, posicionando a Uruguay como un referente progresista en la región. Su legado trasciende la política, siendo reconocido mundialmente por su humildad y coherencia entre discurso y acción. En sus palabras finales, Mujica manifestó: «El guerrero tiene derecho a su descanso», reflejando su aceptación serena ante el final de su vida.

En septiembre de 2014, durante una sesión de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en Guayaquil, Ecuador, el entonces presidente de Uruguay, ofreció un discurso que conmovió a la región. Lejos de las formalidades diplomáticas, Mujica optó por hablar desde el corazón, con palabras dirigidas especialmente a la juventud, en un mensaje que aún hoy circula en redes, aulas y espacios de reflexión política.

 

LA VIDA SE TE ESCAPA MINUTO A MINUTO”

Aquel día, Mujica no habló de tratados ni de geopolítica. Habló de la vida. De cómo el tiempo se escurre entre las manos, de la urgencia por darle contenido a la existencia, y de la trampa que representa una sociedad centrada en el consumo y el endeudamiento. Su intervención fue breve, pero contundente: un llamado a resistir la enajenación cotidiana y abrazar con conciencia la dignidad de vivir.

“Si sos joven, tenés que saber esto: la vida se te escapa minuto a minuto, y no podés ir al supermercado a comprar vida. Entonces, luchá por vivirla, por darle contenido”, dijo Mujica ante los presidentes de la región. En lugar de ofrecer recetas, apeló a una reflexión cruda sobre la forma en que las sociedades modernas conducen a las personas a hipotecar su tiempo a cambio de bienes materiales.

 

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Criticó abiertamente el modelo de vida basado en el endeudamiento y el consumo constante. “Te pasás toda la vida pagando la tarjeta y comprando cacharros”, expresó, con ese tono austero que lo caracterizaba. Para Mujica, la diferencia entre vivir y existir residía en tener un propósito. “Si tuviste un sueño, y peleaste por una esperanza, e intentaste transmitirle a los que quedan, tal vez quede un pequeño aliento rodando en las colinas, en los mares… un pálido recuerdo que vale más que un monumento”, dijo.

Este concepto del “aliento” como legado intangible es uno de los momentos más poéticos del discurso. Mujica no hablaba de dejar libros, estatuas ni himnos, sino de dejar gestos, valores, ideas que floten en el aire, disponibles para las nuevas generaciones.