Niagoro, la aldea de muñecos fantasma

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Niagoro, la aldea de muñecos fantasma
Niagoro, la aldea de muñecos fantasma

TSUKIMI VIVE SOLA EN PUEBLITO DE JAPÓN RODEADA DE MANIQUÍES CON ROPA DE MUERTOS

La aldea se encuentra del otro lado del río, en la isla japonesa de Shikoku. Hace 10 años, la última escuela primaria cerró sus puertas a falta de alumnos nuevos. Según dicen las lenguas de los ancianos, el último niño nació en 2004. “Aquí ya nunca se ven niños”, comentó a The New York Times Tsukimi Ayano, nativa de Nagoro, Japón. “Así que yo hice a los niños”. Fue una idea que al inicio parecía inocente y hoy causa miedo entre los que osan acercarse: en la aldea apenas hay ocho personas vivas y esos muñecos.

Durante más de 7 años, la mujer anciana se ha dedicado a confeccionar niños, adolescentes y adultos en tamaño real. Todos ellos, hechos de algodón, tela y estambre.

Tsukimi Ayano tiene 72 años. Según su experiencia, Nagoro es uno de los pueblos más desolados de Japón, ya que casi todos sus habitantes han muerto. Para evitar que los espacios públicos se vean solos, decidió coser muñecos hechos a mano, que representan a los habitantes que fallecieron.

La idea nació a partir de la festividad japonesa de undokai, en el que los niños compiten en diferentes actividades físicas. Como la escuela primaria central del pueblo está desierta, la mujer decidió hacer réplicas en tamaño real de los estudiantes. Los tuvo listos justo a tiempo, para conmemorar los eventos deportivos.

“Quisiera que hubiera más niños porque sería más alegre”, dijo la mujer. Por ello, ese día colocó a los niños de algodón en columpios, en posición para lanzar pelotas y sobre la pista de carreras escolar, listos para echarse a correr. Naturalmente, los muñecos siguen en la misma postura en la que Ayano los dispuso en aquel entonces.

 

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VOLVIÓ Y POBLÓ LUGAR

Tsukimi nació allí, pero luego se fue a vivir a Osaka. Un día su padre le escribió y le dijo que a los 85 años ya tenía pocas personas con las que hablar, jugar un partido de cartas o ver una película. Y que iba muriendo de tristeza.

Entonces, Tsukimi volvió al pueblo. Y decidió que lentamente iba a reemplazar a los vecinos que se marcharon o murieron. A los 65 años, puso manos a la obra. Empezó a confeccionar muñecos a tamaño natural que asemejan a los pobladores que ya no estaban. Con nombre incluido.

Y allí están los muñecos. En las granjas, apoyados contra cercas y árboles, reunidos en un bar, esperando el colectivo en la parada, asistiendo a clases en la escuela.

Tsukimi explica el porqué de su tarea: «Los muñecos traen recuerdos. Por ejemplo esa anciana (y señala uno de ellos) solía venir a charlar y beber té a mi casa. Al anciano que está en la puerta del bar le encantaba beber sake y contar historias. Me recuerdan a los viejos tiempo, cuando aún estaban vivos y bien».

De difícil acceso, Nagoro se encuentra en la prefectura de Tokushima, entre las montañas al sur de Japón. El nombre de la ciudad sugiere la presencia de muñecos, que reemplazan a las personas muertas del pueblo. Aunque la hazaña de Ayano empezó formalmente para festejar undokai, su trayectoria como costurera empezó hace 16 años, intentando proteger sus cultivos de los cuervos.

 

¿DÓNDE VIVEN LOS MUÑECOS?

Para evitar que los pájaros se comieran sus verduras y hortalizas, la mujer hizo un espantapájaros que se parecía a su propio padre. La estrategia funcionó. Tanto así, que un vecino le comentó que había visto a su papá en el campo. A Ayano le causó risa el comentario, porque su padre había fallecido años atrás. Fue así como empezó a experimentar con muñecos de otros tamaños, edades e historias.

Actualmente, Ayano le da vida a los muñecos desde su taller, a unos 100 metros de su casa. Así los describe Francisco Jiménez De la Fuente, para la BBC:

“Los muñecos, que confecciona en su espacioso taller, a unos 100 metros de su casa, están hechos con palos de madera forrados con papel de diario, el pelo hecho con lana y los viste con la ropa que corresponda según su trabajo o ubicación en el entorno”

Según Jiménez De la Fuente, “muchas veces las prendas originales de las personas que representan“. Ayano las recupera de los restos que dejaron atrás en las casas que habitaron años atrás, antes de huir de ahí o fallecer.

 

¿Y QUÉ FUE DE LA GENTE REAL?

La población de Nagoro cayó estrepitosamente después del accidente nuclear de Fukushima en 2015. En la actualidad, poco más de 15 personas viven en las cercanías del pueblo. Ayano se ha dedicado, en estos años, a recuperar las caras de las personas perdidas. Parejas de ancianos esperando un camión que nunca llega, campesinos cosechando frutos que no existen, niños tomando clases en un salón vacío, etc: todos volvieron gracias a su mano.

Los visitantes que visitan Nagoro tienen puntos de vista encontrados. Algunos encuentran la experiencia tétrica. Otros, nostálgica. En alguna de las visitas guiadas por el pueblo, alguno de ellos escribió en el pizarrón de la escuela pública: “¿Dónde están los vivos?”. Hasta la fecha, nadie ha contestado ese mensaje. ¿Te animarías a visitarla?