«Aspirante a dictador. En Estados Unidos, no«, reza una valla publicitaria con una fotografía del presidente Donald Trump junto a una de las principales avenidas de Miami.
Otros carteles apuntan al canciller Marco Rubio y tres congresistas republicanos del condado para acusarlos de «traición» y llamarlos «hipócritas» o «títeres».
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Son parte de una campaña del prominente empresario y filántropo de origen cubano Miguel «Mike» B. Fernández.
El multimillonario de 73 años, capitalista declarado que hasta 2016 se adscribía al Partido Republicano, ha decidido enfrentarse públicamente a Trump y a algunos de los políticos más influyentes del estado de Florida, a quienes considera cómplices de la «cruel» política migratoria impulsada desde la Casa Blanca.
Preguntado por el motivo de su activismo, el magnate invoca la defensa de quienes, como él en 1964, llegaron a Estados Unidos en busca de un futuro mejor y ahora temen acabar expulsados o encerrados en centros de reclusión como el «Alcatraz de los Caimanes» establecido por Trump al sur de la mayor ciudad de Florida.
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«Lo que está pasando en nuestro país no es correcto y cualquier persona normal lo sabe», sentencia.
En Miami, que concentra una de las mayores comunidades foráneas y de América Latina de EE.UU., estas medidas han alimentado el miedo y la polarización.




