La pandemia del coronavirus ha extendido una estela de miedo en todo el mundo, pero con mayor énfasis en las familias con adultos mayores o ancianos, donde, muchas veces, se decide aislarlos para protegerlos de una posible infección sin medir las consecuencias que ese retiro social podría causar en su salud mental y emocional. Así lo informa un informe de la Agencia de Noticias Andina, la cual publicamos para usted.
Experto surgiere integrarlos a la familia y respetar su independencia
El miedo que sentimos ante la posibilidad de que nuestros seres queridos enfermen no es gratuito: alrededor del 67% de las personas que han fallecido por coronavirus son adultos mayores.
Entonces, ¿cómo cuidarlos sin ser rehenes del miedo y tomar decisiones equivocadas? La respuesta -a decir del médico psiquiatra Carlos Bromley- está en evaluar objetivamente su situación de salud, autonomía para valerse por sí mismos y tomando en cuenta sus opiniones.
El experto de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud sostuvo que los adultos mayores pueden dividirse en dos grandes grupos: los más cercanos a los 60 años hasta los 70 años y un segundo grupo que supera largamente esa edad.
“El primer grupo está integrado por una población más activa, que antes de la pandemia se encontraba trabajando en la actividad pública y privada y, de un momento a otro, dejó de trabajar y fue confinada en casa para protegerse de la infección del coronavirus. Muchos de ellos se dedicaban ahora al trabajo remoto”.
Luego está el grupo de adultos mayores que superan los 70 años, que se dedicaban más a las actividades sociales. Son quienes han dejado de salir a pasear, a reunirse con sus amigos, a las plazas, a los parques, a las casas del adulto mayor.
“Ambos grupos se encuentran muy asustados, temerosos de contagiarse porque se sabe que son la población de mayor riesgo, que se enferman y, de tener mayores complicaciones, pueden morir”, dijo.
¿CUÁNDO VIENEN A CASA?
No son pocos los hijos ya independizados, con sus propias familias, que se enfrentan ahora al dilema de regresar al hogar materno para cuidar de sus padres ancianos, o traerlos a vivir junto a ellos, con el mismo propósito. Un objetivo no siempre fácil de conseguir.
Antes de tomar decisiones apresuradas, sostiene Bromley, hay que realizar una evaluación sobre las reales capacidades y competencias que tienen esos adultos mayores.
“Si vemos que ese adulto mayor sí puede manejarse solo, que puede hacer sus cosas en medio de esa vida solitaria que tiene, puede prepararse sus alimentos, puede vivir una dinámica activa durante el día, puede hablar por teléfono por medios virtuales con sus familiares, amistades, mantenerse limpio y haciendo ejercicio, entonces lo más adecuado en ese caso es hacerles una vigilancia a distancia”, concluyó.
Si no ocurriese lo antes descrito, sí será necesario trasladar al adulto mayor a casa de sus hijos o velar porque alguien lo acompañe durante este tiempo, pero “nunca a la fuerza”.
El especialista sugiere invertir tiempo en conseguir su consentimiento o autorización para sacarlos de su hogar, ya que “no podemos trasladarlos como objetos de un lugar a otro”. Similar conversación se debe tener con los integrantes del hogar al que irán estos padres mayores para que todos estén listos a recibirlos.
INSOMNIO Y OTROS PROBLEMAS
El doctor Bromley advirtió que muchos adultos mayores están experimentando estrés y gran frustración ante las limitaciones que impone la emergencia sanitaria. Esto se manifiesta en casos de insomnio, “un problema cada vez más frecuente en nosotros a nivel nacional. El insomnio es el síntoma central de que estamos confinados”.
Para evitarlo, sugiere, mantenerlos activos, ocupados en tareas que se hayan acordado previamente, además de procurar comer o beber líquidos unas tres horas antes de dormir.
Si pese a eso continúan con el problema hay que preguntarles ¿cómo dormía mejor en la casa que estaba antes?, ¿escuchaba ruido?, ¿se acompañaba con alguna luz o música? ¿le gusta la oscuridad completa?, preguntar y darle las comodidades que le hagan sentir mejor.
Advirtió que si alguien se «guarda» en sus dormitorios sin hacer nada, eso dará espacio a que su mente se llene de pensamientos negativos o preocupaciones estériles, creyendo que el mundo está perdido para él o ella. Esto, añadió, es un paso previo a la ansiedad y la depresión”.
El experto pidió estar muy atentos a estas señales de alerta: si se ponen muy tristes, dejan de tomar sus alimentos, se aíslan, empiezan a cambiar de carácter, se vuelven violentos o poco tolerantes, si hay dolores intensos de cabeza, de estómago, dolores agudos en general o si verbalizan frases como «no sirvo para nada», «no me tienen en consideración”, “cuando terminará todo esto”.
En todos estos casos, refirió, hay que preocuparse porque podría tratarse de un caso de depresión o ansiedad. No debemos olvidar que los adultos mayores también se suicidan.
RESOLVAMOS VIEJAS RENCILLAS
Para el psiquiatra, lo que vivimos es una situación excepcional que debemos asimilar como tal y no creer que va a durar para siempre.
“Aunque no lo parezca este es el mejor momento para resolver viejas rencillas y rencores familiares, malentendidos, entredichos que nos mantenían alejados. Nunca como antes los padres tienen a sus hijos tan cerca y por tanto tiempo. Hay que aprovechar esta condición que nos da la pandemia para mejorar las condiciones con nuestros seres queridos, sobre todo si son adultos mayores, ya que están más próximo a dejarnos”
“No olvidar que todos tenemos virtudes y características que podemos aprovechar los unos de los otros, hay que aprender a relacionarnos con el lado positivo de las personas, dentro de las limitaciones y restricciones que vivimos por la situación en la nos encontramos. Si vamos a vivir juntos, por cierto tiempo o de forma definitiva, hay que aprovechar este momento”, puntualizó.




