Esta persecución religiosa tiene como objetivo silenciar las voces disidentes
Las dictaduras de Nicaragua y Cuba han vuelto a mostrar su intolerancia hacia las expresiones religiosas durante la Semana Santa, desplegando sus fuerzas represivas para coartar o prohibir las procesiones. Este año, por segunda vez consecutiva, el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua ha prohibido miles de procesiones durante la Cuaresma, desplegando un contingente policial masivo para vigilar y acosar a los fieles que intentaban participar en actividades religiosas en los templos.
Según datos proporcionados por la investigadora Martha Patricia Molina, el gobierno nicaragüense prohibió 4.800 procesiones y destinó más de 4.000 agentes policiales para controlar a los creyentes, llegando incluso a encarcelar a siete laicos por cumplir con sus promesas religiosas. A pesar de las amenazas y la presencia policial, las iglesias registraron una mayor afluencia de fieles este año, quienes debieron realizar los vía crucis únicamente en el interior de los templos.
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Mientras tanto, en Cuba, las autoridades también restringieron las procesiones en varias localidades, especialmente aquellas consideradas como focos de protestas recientes. El Observatorio de Derechos Humanos de Cuba reportó prohibiciones o limitaciones en diversas diócesis, evidenciando un patrón de represión contra las expresiones religiosas en la isla. Durante el año 2023, el régimen castrista llevó a cabo 936 acciones contra el ejercicio de actividades religiosas, según el OCDH.
Esta persecución religiosa tiene como objetivo silenciar las voces disidentes, tanto en Nicaragua como en Cuba. Obispos, sacerdotes y fieles que han alzado su voz contra los regímenes autoritarios son blanco de represalias y censura. Fray Léster Zayas, de la Parroquia del Sagrado Corazón en Cuba, lamentó la prohibición de la procesión del Santo Entierro, destacando que el Evangelio no debería ser utilizado con fines políticos.
El investigador religioso Leonardo Fernández Otaño señaló que estas acciones muestran el temor del régimen cubano hacia cualquier expresión de disidencia, especialmente aquella vinculada a la Iglesia Católica, un espacio de resistencia y crítica al gobierno. La represión durante la Semana Santa refleja la continua lucha por la libertad religiosa y la defensa de los derechos humanos en ambos países, donde la intolerancia sigue siendo moneda corriente bajo regímenes autoritarios.




