Empezar el día haciendo meditación es una forma maravillosa de desprender buena energía desde primera hora. No es de extrañar, ya que, con solo pocos minutos de tu tiempo, puedes notar cambios increíblemente positivos en tu bienestar, tu equilibrio emocional y relajación muscular.
Si lo haces, todo el día te sentirás relajado (a) y atraerás todo lo positivo
Si alguna vez te has imaginado a ti mismo como una de esas personas que pueden despertarse y comenzar el día de una manera lenta y pacífica, sin apresurarte por el reloj o celular ni estresarte por el día que viene, la meditación matutina puede ser justo lo que estás buscando.
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Para iniciarnos en la meditación por la mañana podemos practicar la observación de lo que sucede a nuestro alrededor: vivir el ahora dejando que los pensamientos afloren sin juzgarlos, y sobre todo, sin juzgarnos.
BENEFICIOS
Afrontar el día con vitalidad y positividad, en estado de calma:
Realizar la meditación por la mañana es muy útil, porque nos prepara para poder afrontar un día de una determinada manera, sintiendo lo que necesitamos hacer para respetarnos y no forzar demasiado mente o cuerpo.
Preparas tu cuerpo para el desgaste físico del día:
Además, te prepara para tener una postura adecuada, habiendo estirado la espalda durante la meditación, corrigiendo la posición de cuello, espalda y relajando otros músculos que se preparan para afrontar el día poco a poco, sin tener que ponerse en marcha inmediatamente después de levantarse de la cama.
RECOMENDACIONES PARA MEDITAR
Modera el estrés, la ansiedad y la depresión:
Gran parte de la población en algún momento de su vida padece de cortos o largos periodos de estrés, ansiedad e incluso depresión. Por este mismo motivo, dedicarte un rato al día a ti mismo y a desconectar te sentará genial. Con la meditación podemos reducir los niveles de cortisol, por lo que estaremos más relajados y con mejor actitud para arrancar el día.
Ayuda a combatir los dolores:
Antes de desarrollar este punto, es muy importante destacar que la meditación no quita problemas de salud, como algunas enfermedades que requieren de un cuidado por profesionales y sus correspondientes tratamientos, pero practicar meditación sí que nos puede ayudar a aliviar los dolores que tengamos.
Podrás conocerte mejor:
Con la práctica y meditación, podrás saber mejor y ser consciente de cuáles son tus emociones, objetivos y pensamientos. Gran parte de la sociedad comete el error de vivir corriendo sin pararse a pensar qué les motiva, a dónde quieren llegar, en definitiva, cuál es su propósito de vida. Por este mismo motivo, practicar la meditación te ayudará en tu autoconocimiento.
Incrementa tu vitalidad diaria:
Dedicarte unos minutos para meditar a primera hora de la mañana nos ayudará a preparar nuestro cuerpo y mente para todo el día y adoptar una buena actitud. Por lo que nuestro día tendrá un mejor enfoque por nosotros mismos y llegaremos a todo lo que nos propongamos.
Desenvuelve la capacidad de inteligencia emocional:
Con la inteligencia emocional, los humanos somos capaces de reconocer tanto los sentimientos y emociones propios como los de otras personas, especialmente de las que conocemos. Con la meditación estimulamos las emociones y cuanto más la practicamos más capacidad de gestión de emociones y capacidad de observación emocional tendremos.
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PASOS PARA MEDITAR EN TU CAMA
- Gírate sobre tu espalda. Mantén tus ojos cerrados, trae las manos hacia la cara y comienza a frotar suavemente tu rostro.
- Abre tus ojos con las manos en tu rostro. Lentamente, despeja tu cara y poco a poco ve abriendo tus ojos para que puedas ajustarlos a la luz de tu cuarto. Vuelve a masajear tu cara.
- Estira tus brazos por encima de la cabeza, apunta a los dedos de los pies y haz estiramientos de gato (hacia un lado y hacia el otro).
- Haz postura de estiramientos para ajustar el punto del ombligo (eleva tus piernas juntas unos 15 cm sobre tu cama y levanta tu cabeza y hombros ligeramente mientras estiras tus brazos apuntando con tus manos hacia tus pies).
- Gírate hacia el lado derecho y abraza las rodillas hacia tu pecho.
- Regresa sobre tu espalda y abraza las rodillas hacia el pecho, llevando tu nariz entre ellas. Haz respiración de fuego, luego balancéate para sentarte sobre tus talones.
- Acuéstate de nuevo sobre tu espalda, frota palmas de las manos y plantas de los pies vigorosamente.




