El día que Maradona conoció a ‘O Rei’ Pelé 

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Diego Armando Maradona y ‘O Rei’ Pelé y
Diego Armando Maradona y ‘O Rei’ Pelé y

ASÍ FUE LA PRIMERA VEZ QUE LOS MÁS GRANDES DEL FÚTBOL COMPARTIERON JUNTOS

Hoy ambos ‘juegan’ en el cielo y escasos tres días de conmemorarse un año más de la muerte de Diego Armando Maradona, hoy ofrecemos el histórico encuentro que tuvo con el gran ‘O Rei’ Pelé, en el que fue la primera vez que tuvieron ocasión de estar juntos reflejado en una emotiva crónica para un medio platense.

‘Pelé ha dejado la guitarra y en este momento le está dando consejos a Diego. Ambos se toman de las manos. Temblorosas y emocionadas las de Diego; serenas y apacibles las de Pelé. Veo los ojos de don Maradona que asienten y lloran mientras el rey se despoja de su corona de dólares y se muestra tan humilde y sincero como pocas veces puede parecer.

—Pero qué sacrificio haber viajado después de jugar el domingo para venir a verme. Te hubieras quedado allí, que no valía la pena.

Pelé igualmente siente orgullo y reconocimiento, Y Diego apenas si alcanza a balbucear, dejando al descubierto toda la candidez de sus dieciocho años…

—Por favor, qué va a ser un sacrificio, no, no. Hacía muchísimo tiempo que quería conocerlo. . .

 

PELÉ: “TODOS SOMOS IGUALES”  

Cuando se jugó el Campeonato Sudamericano Juvenil en Uruguay, Diego había confesado sus deseos de conocer a Pelé. Ahora no sólo lo conoce. Está hablando con él y, para tratar de sacarlo de su asombro, Pelé le dice palmeándolo…

—Pero no era para venir, somos todos iguales.

Y sigue con sus consejos entremezclando una risa, una mirada complacida para quienes estamos en ese decimosegundo piso de la avenida Atlántica 1782, del borde de las playas de Copacabana, en Río.

—Me da rabia tener que irme. Como no creía que ibas a venir hasta aquí después del juego de ayer, arreglé con mi abogado Samir para ir a Santos por unos papeles de impuestos y réditos, ¿entiendes? Y ahora quisiera quedarme a almorzar con ustedes. Dime, ¿y cómo anda tu equipo, eh?

—Vamos primeros, estamos haciendo buena campaña. Nos dirige Delem; le manda muchos saludos.

— ¡Ah, sí, Delem…! Muy buena persona. ¿Así que van primeros?. . .

—Sí, Pelé. Ayer le ganamos a Huracán 3 a 1, hicimos lindos goles y la hinchada nos está siguiendo a todos lados.

—Qué bien, Diego. Mira, Maradona no va a tener que venir más a Río a verlo a Pelé. Yo te prometo que si tu equipo Argentinos llega a las finales del campeonato en Buenos Aires, yo me voy a la Argentina a verte, ¿eh? Estaba preocupado ayer porque si venías no iba a poder atenderte como yo hubiera querido hacerlo. Ni siquiera tengo para darte un recuerdo. . . Pero espérame un momento que ya vuelvo. . .

 

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Pelé no manda a nadie, como se supone hubiera sido lógico para su status. Un detalle que ratifica su transformación. Baja por la escalera y dentro de un par de minutos estará de vuelta.

—Ustedes ya saben. Cuando quieran venir a Río me llaman y se quedan aquí en mí casa. Serán mis invitados de honor.

Seguramente pondrá a disposición uno de sus tres Rolls Royces, su lancha de cuarenta y seis pies o el Cadillac blanco que ahora está en la puerta del edificio. Y si Diego quiere entrenar, también tendrá la posibilidad de utilizar las barras, bicicleta mecánica, colchonetas y demás implementos que ahora descansan en una habitación. Este es el hogar de Pelé en Río. Este es el lugar al que Diego Armando Maradona, junto a su padre y su amigo y representante Jorge Cyterszpiler, pudieron llegar junto a EL GRÁFICO después de duros días de gestiones, sacrificio y anécdotas que se pueden ir recordando mientras Pelé busca afanoso un par de presentes para regalarle a Diego.

 

ASÍ EMPEZÓ EL ENCUENTRO  

El operativo comenzó a fines de enero en las playas de Atlántida, Uruguay. La confesión de Diego sirvió como puntapié inicial: «Me muero de ganas por conocerlo a Pelé».

De allí en más se inició una serie de gestiones —el mayor impedimento era la falta de tiempo de Pelé— que se prolongaron en Nueva York, Santos y Río, y que culminaron con este encuentro afectuoso y sincero.

El lunes 2 EL GRAFICO se comunica con Diego y le da la buena nueva. Podemos verlo a Pelé el viernes por la mañana. Pero Maradona es consciente de que la Selección Nacional está por encima de cualquier deseo personal y prefiere quedarse a entrenar en San Isidro. El sábado un télex de nuestro hombre en Río notifica que Pelé puede recibir a Diego el lunes por la mañana. Quedaba una valla aparentemente insalvable: conseguir embarcar con Diego, su padre y su re-presentante en el vuelo 664 de British Caledonian el domingo a las 19.30, tarea poco probable ya que Argentinos Juniors terminaba de jugar con Huracán a las 17,45 y había que estar en Ezeiza a las 18.30. Desde las 15, dos remises estaban preparados en la puerta del estadio para dingirse a Emita en el momento indicado.

Quedaban mientras tanto las anécdotas del caso. Por ejemplo, ver el rostro del brasileño Delem, director técnico de Argentinos Juniors, cuando Maradona le comento antes del partido:

—Maestro, me voy a Brasil.

— ¿A Brasil?

—Si, a Rio.

— ¿A Rio? ¿Y a qué?

—Sí, a Rio, me espera Pelé.

—¡¡¿¿Pelé??!!

Cuentan que las respuestas de Diego lo dejaron mareado.


CRACK BRASILEÑO LO RECIBIÓ, LE REGALÓ MEDELLA Y RELOJ AL ‘PELUSA’

 

PELÉ: “¿TÚ ERES MARADONA?” DIEGO: “ESTOY EMOCIONADO”

El secreto sobre el todavía posible y o remoto encuentro del dúo siguiente en Rio no pudo ser mantenido —pese a que él hubiera querido hacerlo— por Maradona. Íntimamente se lo contó a su compañero de pieza y marcador de punta de Argentinos, Carlos Antonio Carrizo:

—Hermano, me voy a verlo a Pelé.

— ¿Y cuándo? ¡Si el martes tenés que estar acá!

—Me voy ni bien termine el partido.

— ¿Tanto sacrificio para ver a un tipo que no sabía jugar al fútbol?

 

EN PRIMERA CLASE, CON SU CHAMPAGNE

Cuatro asientos en primera clase esperaban con sus copas de champán llenas. Allí se produjo el primer brindis para que todo llegara a buen término y Diego pudiera conocer a Pelé, «una de las aspiraciones más caras de mi vida».

—Yo no sé, me conformo con que él me dé, no sé, cinco, diez minutos. Yo tengo referencias de que es un hombre muy ocupado, con mil problemas y por ahí ni siquiera nos recibe; pero igual creo que valió la pena el esfuerzo de viajar. Me duele todo, te lo juro. Tengo un moretón impresionante por esa patada de Bábington en el primer tiempo. A ver si puedo dormir un poco y cuando lleguemos al hotel me pondré un poco de hielo en la pierna.

El amigo inseparable de Diego, Jorge, anda pensando qué le va a hacer firmar a Pelé. Pero no deja de reparar en el contrato de Diego, por el que tendrá que pelear ni bien vuelvan a Buenos Aires. Lo acompaña desde la época en que Diego llegó a los Cebollitas de La Paternal. Parece un pibe como Diego, tiene 20 años, pero cuando se trata de defender los intereses de Maradona, se pone en primera fila.

‘O Rei’ Pelé y Diego Armando Maradona
Diego Armando Maradona y ‘O Rei’ Pelé y

LLEGANDO A BRASIL: ¿VOCÉ E MARADONA?»  

¿Vocé e Maradona?», le preguntan cuándo pisa suelo brasileño. Hay que estar de incógnito y entonces no hay respuesta. Ni sí ni no. El hotel Copacabana Palace está esperando con toda su historia a cuestas. En homenaje a ese hotel, Julio De Caro compuso el tango »Copacabana», allá por los años ’30. A cincuenta metros, sobre la misma cuadra, está el edificio donde se encuentra Pelé. Es pasada medianoche. Es hora de comer e ir a descansar porque a las 11 de la mañana siguiente Pelé estará esperando.

 

—Te juro, que sean diez minutos nomás y soy Gardel.

Diego, estaba lejos de suponer que al día siguiente, Pelé lo recibiría con los brazos extendidos, una sonrisa ancha, la sinceridad a flor de su piel morena, camisola calada amarilla con flores blancas, pantalón blanco, sandalias blancas, un reloj de oro muy fino. La ropa que tiene puesta ahora cuando vuelve a aparecer dice a Dirgrot escalera, algo agitado, y le dice:

 

—Perdóname Diego, no tengo más para ofrecerte. ¿Tú tienes hermanos?

—Sí, somos ocho: cinco hermanas y tres hermanos.

— ¡Ehhh, papá! (ríe Pelé mirándolo a Maradona padre).

—Pelé (dice Diego), en serio, no se moleste por nosotros…

—Pero no es molestia alguna. Tomé este reloj, no es bueno, no se puede entrar al agua, qué le voy a hacer, regálaselo a uno de tus hermanos, y toma para vos esta medalla. Fue hecha cuando el partido de despedida mío en el Cosmos.

—Muchas gracias, la voy a llevar toda mi vida. Vi el partido suyo del viernes por televisión y le juro que me emocioné mucho y aumentaron mis ganas de verlo. . .

—Sinceramente, yo también me emocioné el viernes. El estadio era como una olla con 170.000 personas, y yo otra vez ahí. Fue una sensación muy especial comprobar que la gente todavía me quiere, que se acuerda de mí. Flamengo tiene buen fútbol. Se adapta a mí. Tocan y yo jugué casi parado, vos entendés, ¿eh?, tirando bolas. Estoy entrenado porque corro siempre, pero los años pesan.

—Yo tenía ganas de que siguiera en el segundo tiempo.

—Ya estaba bien con cuarenta y cinco minutos. Casi no había practicado con el equipo. El jueves hubo como 10.000 personas en el entrenamiento.

—Diego, de veras que estoy contento de haberte conocido.

—Y yo ni le digo. . .

—Le das mis saludos a Delem y deséale suerte.

 

Listo, ‘El Dios’ y ‘El Rey’ se habían conocido una tarde de 1979. Si necesidad de patear una pelota ese día, habiendo escrito historia pura para los amantes del fútbol…’