Consejos: La cuarentena termina pero los niños seguirán en casa

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Niños en cuarentena
Niños en cuarentena

La cuarentena en casa, para protegernos del coronavirus, está resultando un gran desafío para todas las familias, especialmente aquellas con niños, cuyos padres se enfrentan a un gran estrés por mantener el buen funcionamiento del hogar ahora sometido a múltiples funciones. A pesar que, el aislamiento termina este 30 de junio, igualmente los niños continuarán en casa, por ello la Agencia de Noticias Andina realizó un informe a fin que los niños no se sientan estresados.

Te brindamos técnicas para reducir el estrés en los menores

En ese contexto, no es extraño que la paciencia se vea disminuida significativamente y aparezcan conflictos inimaginables antes de la pandemia. Entonces, ¿qué hacer para llevarnos mejor, considerando que las medidas de cuarentena se mantendrán por largo tiempo? ¿Hay alguna técnica para no perder la paciencia en momentos de angustia?

En entrevista con el programa Saludable Mente de Andina Canal on Line, la doctora Vanessa Herrera, del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) del Ministerio de Salud, recordó que los niños son altamente vulnerables a la pandemia, sobre todo a nivel emocional. Algunos no han salido de sus hogares en más de 100 días.

Esta situación ha generado que muchos de ellos se muestren fastidiados, desafiantes, asustados, con ganas de llorar, con pocas ganas de hacer las tareas o acostarse temprano, o con temores nocturnos. Algunos han empezado a mojar la cama.

Ellos -más que nadie- han perdido el mundo que conocían, su forma de estudiar, sus amigos, la capacidad para salir al aire libre o habitar los espacios de encuentro con otras personas.

Primero hay que entender que los niños son reflejo de nuestras dinámicas familiares. Si ejercemos una paternidad o maternidad con demasiado estrés, estamos siempre agotados, nos frustramos muy rápidamente y hay poca paciencia, todo eso incrementará los conflictos en casa”.

RUTINAS Y PREGUNTAS 

Para la psiquiatra, la primera recomendación es mirar a nuestros hijos desde la compasión y el cariño para establecer rutinas que ofrezcan orden a su mundo lleno de incertidumbre, siendo siempre flexibles.

“Como papás y mamás debemos estar pendientes de sus emociones. Habrá niños que expresarán claramente que se sienten mal, pero otros solo harán rabietas y se mostrarán sin energía. Levantémonos juntos, desayunemos juntos, desarrollemos una comunicación activa, en la que preguntemos cómo se sienten, para luego escucharlos”.

Es importante mantener una tregua con ellos y sus cambios repentinos de humor, evitando la agresividad y callarlos. Hay que darle valor a lo que piensan o sienten, aconseja la experta.

“Los papás podemos sentirno más estresados porque perdimos el trabajo, tenemos miedo a enfermar o contagiar a nuestros niños y toda esa tensión la extendemos a nuestros hijos. Aunque es difícil, debemos darles mensajes tranquilizadores, de aliento, motivadores, explicarles que esto es transitorio y que estaremos juntos como familia para enfrentarlo. Es lo que necesitan ahora”.

LA SANTA PACIENCIA 

La especialista pidió a los padres evaluar en todo momento nuestra salud mental familiar y nivel de afecto, así como las ganas que tenemos para afrontar las tareas del hogar, ahora más agotadoras que nunca.

Consultada sobre qué técnica nos podría ayudar a mantener la calma en momentos de mucha tensión, comentó se llama “tiempo fuera” y es muy sencilla.

“Esta técnica permite que, antes decir o hacer algo negativo, nos tomemos un tiempo para relajarnos, que puede incluir retirarnos a otro espacio. Hacer un ciclo de 10 respiraciones profundas, tomando aire lentamente hasta llenar el abdomen, contar hasta 10 y luego exhalar”.

Eso evitará peleas innecesarias y sobre todo situaciones de agresión o descalificación de los niños.

Transcurrido ese tiempo, el papá y la mamá estarán más tranquilos para manejar la situación y conversar con sus hijos sobre lo que ha pasado. Eso funciona hasta con los niños muy pequeños.

“Los hijos deben comprender que los padres son seres humanos y para eso los adultos debemos permitirnos decir lo que sentimos; que estamos tristes, cansados, que no nos gusta nuestro trabajo o que tal vez hoy no estamos satisfechos con lo realizado”.

Mientras la confianza se robustece, los padres deben entender que lo ocurrido con sus niños –cuando no quieren hacer la tarea ni acostarse temprano, etc.– “no es tan grave, no es necesariamente una catástrofe, porque mi hija o hijo sí está aprendiendo, creciendo, solo necesita algo más de tiempo”.

NUNCA CULPAR

Niños en cuarentena

Nada justifica que descarguemos nuestra rabia y frustración contra los niños, destaca la doctora Herrera.

“Yo puedo decir mi emoción auténtica, pero nunca culpando al otro. Hay que evitar frases como ‘estoy molesta por tu culpa porque te has portado mal’, ‘siempre es lo mismo’, ‘solo me haces renegar”. Son frase severamente culpabilizadoras, descalificadoras que afectan la autoestima de un niño y una niña que está en plena formación de su personalidad”.

Indicó que en un hogar debe primar -sobre todo ahora que nos sentimos tan vulnerables- frases incondicionales como: te amo, estoy contigo, estamos juntos, te valoro, eres inteligente, hay que pintar, hay que jugar, tranquilo, tranquila que vamos aprendiendo juntos.

Todos tenemos miedo y es parte de la pandemia, anotó, por lo cual no debemos rechazarlo.

“Hay que aceptar lo que pasa y no luchar queriendo controlar todo. Eso justamente generará una sensación de estar hiperalerta, afectando nuestras emociones. Hay que hablar de los miedos, pero también permitirnos un espacio para jugar con nuestros niños, tirarnos en el piso, escucharnos activamente, narrar historias que nos calmen. No soltemos la esperanza, resistamos en este proceso”.

Si a pesar de todas estas recomendaciones, perciben que los niños siguen inquietos o empiezan a hablan sobre ideas de morir, la experta del INSM sugirió buscar ayuda especializada llamando a la línea 113, opción 5, donde recibirán atención especializada. Los padres o tutores también acudir directamente a un centro de salud mental comunitario más cercano.