Minneapolis ya conoce las consecuencias de la ira de su población. La muerte de George Floyd hizo escalar las protestas del movimiento ‘Black Lives Matter’ en todo el país en 2020. Ahora los disparos de un oficial del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) que acabaron con la vida de una mujer han detonado una nueva ola de rechazo y podrían marcar un punto de inflexión para la política migratoria de Trump, si es que prosperan las iniciativas legislativas que buscan límites para las redadas.
Lo ocurrido en Minneapolis “fue devastador y no puede volver a suceder”. Con estas palabras, la senadora republicana por Alaska, Lisa Murkowski, anunció su intención de impulsar “una investigación exhaustiva y objetiva” sobre la muerte de una mujer a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Minneapolis.
El asesinato de Renee Goods ha concitado una ola de rechazo y renovados cuestionamientos al accionar de las fuerzas involucradas en las redadas migratorias de Donald Trump, ICE y la Patrulla Fronteriza (CBP).
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Ese rechazo se manifiesta en las calles, con protestas en todo el país, y también en el Capitolio, donde tanto demócratas como republicanos han comenzado a buscar una forma de poner límites al accionar de estas dos fuerzas.
La de Renee Goods es la quinta muerte que se produce en el marco de las violentas redadas migratorias con las que Trump pretende llevar a cabo la que ha calificado como la mayor deportación de la historia.




