El papa Francisco presidió el domingo una misa multitudinaria en Venecia en la que advirtió del impacto del turismo para el medioambiente, en su primer viaje en siete meses debido a su delicado estado de salud.
El papa de 87 años mostró un buen semblante y cumplió con una agenda cargada, unas semanas después de sufrir un episodio de fatiga que generó preocupación durante la Semana Santa.
Jorge Bergoglio hizo referencia a la “encantadora belleza” de la ciudad y enumeró “los numerosos problemas que la amenazan”, entre ellos el cambio climático, “la fragilidad de su patrimonio cultural” y el turismo de masas.
El papa aterrizó directamente en un helicóptero en el patio de una cárcel para mujeres situada en la isla de la Giudecca. La prisión alberga una exposición de obras de arte promovida por el Vaticano, en el marco del la 60ª Bienal de Arte Contemporáneo de Venecia.
Leer también [Pedro Sánchez comunicará este lunes si continúa como presidente]
Francisco saludó, una por una, a las cerca de 80 reclusas, al personal administrativo y penitenciario y a los voluntarios. Tras visitar la cárcel de mujeres, el jesuita argentino llegó a la plaza de San Marcos de Venecia.




