Pandemia provoca retroceso de dos años en niveles educativos de América Latina

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Clases presenciales
Clases presenciales

Los niveles de educación en Latinoamérica han retrocedido dos años durante la pandemia, al pasar de tercero a primero de secundaria los conocimientos medios de los estudiantes, según datos difundidos. Con la reanudación de las clases presenciales el reto se centra ahora en recuperar las habilidades de aprendizaje y conocimientos de los estudiantes para evitar su frustración en los estudios y baja preparación cuando entren en el mercado laboral, aseguró Daniela Rosales, gerente de la empresa de enseñanza Kumon México.

Deserciones escolares podrían incrementarse por lo menos en 15%

Rosales recordó que según estimaciones del Banco Mundial, la pandemia causó en todos los países de Latinoamérica un rezago equivalente a dos y medio años de escolaridad. Los países con un mayor retraso en la escolaridad son Panamá con 4.7 años de escolaridad, Guatemala y Honduras con 4.8 y Haití que bajó a 5 años de escolaridad.

Rosales destacó que para revertir el retraso escolar es fundamental una respuesta educativa con clases extraescolares que fortalezcan las habilidades de aprendizaje para dar a los alumnos las herramientas adecuadas que mejoren su futuro a nivel profesional.

 

BANCO MUNDIAL PIDE ACCIONES URGENTES

En un informe publicado este año, el Banco Mundial diagnosticó que América Latina atravesaba una crisis educativa sin precedente y exigía tomar acciones inmediatas para mitigar e incluso revertir sus efectos.

Debido al cierre masivo de escuelas, a febrero de 2021, alrededor de 120 millones de niños en edad escolar habían perdido o corrían el riesgo de perder un año completo presencial del calendario escolar, con graves impactos educativos, advirtió el informe presentado por el organismo.

La “pobreza de aprendizaje”, definida como el porcentaje de niños de 10 años incapaces de leer y comprender un relato simple, podría haber crecido de 51% a 62,5%. Esto podría equivaler a 7,6 millones adicionales de niños y niñas en educación primaria “pobres de aprendizaje” en la región.

Así, la recomendación es que los países de la región se preparen para la reapertura segura y efectiva de las escuelas a nivel nacional, con el financiamiento necesario y las herramientas para que puedan abrir sin inconvenientes.

Esta es la peor crisis educativa jamás vista en la región y nos preocupa que podría tener consecuencias graves y duraderas para toda una generación, en especial entre los sectores más vulnerables”, dijo entonces Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. “Los gobiernos deben actuar en forma urgente para recuperar el terreno perdido y aprovechar la oportunidad para mejorar los sistemas educativos aprovechando nuevas tecnologías”, añadió.

De acuerdo con el informe, luego de 10 meses (un año escolar) sin clases, 71% de los estudiantes de los primeros años de la escuela secundaria pueden no ser capaces de comprender adecuadamente un texto de moderada extensión, mientras que antes de la pandemia la cifra era de 55%. Y si los colegios permanecen cerrados por otros tres meses, el porcentaje ascendería a 77%.

Además, afirma que estas pérdidas no son iguales para todos los sectores sino que afectan principalmente al quintil inferior en la escala de ingresos, lo que podría haber ensanchado en un 12% adicional la ya elevada brecha socioeconómica en materia de resultados educativos.

La UNESCO también aseguró que, a futuro, la enorme pérdida de educación, capital humano y productividad se podría traducir en una caída de ingresos agregados a nivel regional de 1,7 billones de dólares, o aproximadamente 10% del cálculo base.

A estos impactos negativos se añaden la posibilidad de que las deserciones escolares se incrementen por lo menos en 15% debido a la pandemia y, también, a la interrupción de servicios que muchos niños recibían en las escuelas, como los programas de alimentación escolar, que beneficiaban a 10 millones de estudiantes en la región. El cierre de las escuelas concluye el informe, tiene consecuencias físicas, psicológicas y emocionales dramáticas para los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.