Maldito criminal torturaba y mataba familias enteras

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Maldito criminal torturaba y mataba familias enteras
Maldito criminal torturaba y mataba familias enteras

¡SALVAJE! En la pujante ciudad de Wichita, Kansas, Dennis Rader estaba considerado como uno de los vecinos que habían hecho algo bueno con su vida. Quienes lo conocían, y no eran pocos, lo respetaban por sus méritos y su conducta.

Durante décadas nadie pudo identificarlo, hasta que cayó por un error

Casado durante más de treinta años con la misma mujer, padre de un hijo y una hija, condecorado en su juventud por servicios prestados al país en la Fuerza Aérea, licenciado en Administración de Justicia, líder de la agrupación de boy scouts local y presidente del Consejo de la Iglesia Luterana, se lo tenía como un ciudadano ejemplar.

Su prestigio social contrastaba con la pobre imagen de la policía de Wichita, cuestionada por los ciudadanos y los medios debido a la incapacidad que demostrada para frenar el accionar de BTK, el asesino en serie que, sin prisa y con algunas pausas que eran calmas que precedían tempestades, había sumado diez víctimas en casi tres décadas.

La policía no sospechaba quién era, las pistas eran las mismas y nunca llevaban a ningún lado. Sólo se lo identificaba por el modus operandi que le había valido el apodo. BTK eran las iniciales de Bind, Torture and Kill (atar, torturar y matar), precisamente lo que hacía, paso a paso y sistemáticamente, con sus víctimas.

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La familia Otero

Cometió su primer crimen en enero de 1974 y empezó a lo grande, con un cuádruple asesinato, el de una familia entera, a la que estudió durante meses antes de actuar. Para sí mismo, la llamó su “proyecto”.

Los cuatro miembros de la familia Otero estaban desayunando cuando Rader llamó a la puerta. Abrió Joseph, el padre, y se encontró con un hombre que le apuntaba con un revólver. Tal vez creyendo que se trataba de un robo común y corriente, Joseph retrocedió sin intentar nada.

Rader obligó al padre a atar a su mujer, Julie, y a sus dos hijos Joseph II, de nueve años, y Josephine, de 11. Luego él mismo ató a Joseph y ahí empezó el infierno.

Primero torturó a los padres simulando que iba a violar a los dos chicos. Eso duró un rato. Cuando se cansó del criminal juego, le puso una bolsa de plástico en la cabeza a Joseph y la ató al cuello para que se asfixiara. Mientras el padre boqueaba, Rader maltrató a la madre. Una vez satisfecho, la asfixió estrangulándola con sus propias manos.

Después estranguló a Josephine con una soga que aflojó cuando la creyó muerta y finalmente asfixió al hijo más chico de la misma manera que al padre, con una bolsa de plástico en la cabeza.

Se estaba por ir cuando se dio cuenta de que Josephine todavía respiraba. Entonces la desató y la llevó al sótano de la casa, donde la terminó de estrangular.

 

Dos hermanos y una pausa

Ese 4 de abril de 1974, alrededor de la 1 de la tarde, Kathryn Bright, de 21 años, y su hermano Kevin, de 20, entraron al departamento de Kathryn y fueron sorprendidos por un hombre armado que obligó a Kevin a atar a su hermana para luego llevarlo a él a otro cuarto.

Cuando Rader intentaba pasar una cuerda por el cuello del joven, éste buscó resistirse y se trenzó en una pelea con el asesino, en la que pudo quitarle el revólver e intentó dispararle. Gatilló, pero el tiro no salió porque el arma tenía puesto el seguro. Kevin quedó desconcertado y Rader lo golpeó, recuperó el arma, le sacó el seguro y le disparó dos veces a la cara.

Lo dejó por muerto y volvió al living. Los disparos habían sonado fuerte, de modo que no tuvo tiempo más que para apuñalar tres veces a Kathryn y escapar.

Vecinos y policías encontraron a Kathryn y Kevin muy malheridos y los llevaron al hospital. Kevin sobrevivió, su hermana murió a las pocas horas. Tal vez por el susto de un ataque fracasado, Rader no volvió a actuar durante casi tres años.

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Más crímenes y varias cartas

El 2 de marzo de 1977, Shirley Vian, de 26 años, estaba con sus tres hijos –dos varones y una nena de menos de seis años– cuando sonó el timbre. El mayor de los chicos abrió y Rader lo empujó con la mano izquierda mientras empuñaba un revólver con la derecha. Primero encerró a los chicos en el baño y después ató a la madre a una silla, le dijo que la mataría primero a ella y después a sus hijos, y finalmente la estranguló. Recién entonces le puso una bolsa de plástico al cadáver.

Años más tarde, en el juicio, Rader relató que estaba listo para matar a los chicos, pero se asustó cuando sonó el teléfono y escapó.

El 8 de diciembre de ese mismo año volvió a matar. A las 9 de la noche entró subrepticiamente al departamento de Nancy Fox, de 25 años. La amenazó con un revólver, la llevó a la cama y la ató con sogas. Después se le subió encima y la estranguló con las medias. Sería la última señal de la existencia de BTK en ocho años.

Recién en abril de 1985 Rader volvió a atacar e inició una nueva serie de asesinatos, los tres últimos de su carrera. Con el mismo modus operandi de siempre, el 27 de abril ató, torturó y mató a Marine Hedge, de 53 años; el 16 de septiembre de 1986 mató a Vicki Wegerle, de 28 años. Finalmente, en enero de 1991, asesinó a Dolores Davis, de 62 años.

Después de cada crimen, envió cartas a la policía adjudicándose los asesinatos y firmando BTK. En la última, se burló de los investigadores, dijo que nunca podrían capturarlo y aseguró que no volvería a asesinar.

 

La soberbia lo perdió

La policía había renunciado a buscarlo y él no estaba dispuesto a renovar su raid criminal. Así pasaron 13 años, hasta que enero de 2004, un diario de Kansas publicó un artículo sobre el 30° aniversario del cuádruple asesinato de la familia Otero, donde se decía que, aunque el caso seguía sin resolverse, “ya nadie se acuerda del asesino BTK”.

Por alguna razón, esa frase hirió el ego de Rader. Como respuesta comenzó a enviar paquetes con “recuerdos” que había guardado de las escenas de sus crímenes: identificaciones de las víctimas y fotografías de los asesinatos.

Fue uno de estos paquetes el que lo perdió. Contenía un disquette con fotografías de un crimen, pero en lugar de utilizar uno nuevo para grabar las fotos, Rader uso uno borrado sin percatarse que se le había escapado suprimir un archivo de Word guardado como “Dennis–Iglesia Luterana”.

Lo detuvieron y la comparación de su ADN y muestras de piel debajo de las uñas de una de sus víctimas no le dejó escapatoria. Dennis Rader era el asesino BTK.

Confesó diez asesinatos, a los que describió con lujo de detalles, y le dieron otras tantas condenas a prisión perpetua. Se salvó de la pena de muerte porque su último crimen databa de 1991 y la pena de muerte fue reinstaurada en Kansas recién en 1994.