Esto es lo que verás al pasar al más allá

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Alma ve su cuerpo
Alma ve su cuerpo

DRA. PENNY SARTORI REVELA EVIDENCIAS SOBRE CÓMO ES EL INSTANTE EXACTO DE LA MUERTE

Una pregunta que siempre tiene el ser humano en vilo es la que concierne al momento de dejar este mundo: ¿duele? ¿se sufre? ¿se está consciente? ¿Es tranquila la transición? ¿en verdad veré algo? En esta nota, El Men te muestra lo último descubierto por científicos estudiosos al respecto.

Las unidades de cuidados intensivos o paliativos de los hospitales guardan una estrecha relación con la muerte, dando lugar a numerosas experiencias que se escapan a cualquier explicación racional. Pacientes que intuyen el momento exacto en el que van a morir, otros que parecen decidir por sí mismos el día y la hora, adelantando o retrasando su muerte, sueños premonitorios o presentimientos de terceras personas que, sin ni siquiera saber que alguien está ingresado o ha sufrido un accidente, están seguros de que ha fallecido.

Sólo los profesionales sanitarios que trabajan de cerca con los pacientes terminales conocen de primera mano el alcance y variedad de estas extrañas experiencias. La ciencia no ha podido ser capaz de ofrecer algún tipo de respuesta, por lo que se suelen describir como sucesos paranormales o sobrenaturales. Una etiqueta “demasiado vaga para la magnitud de estas experiencias”, según explica la enfermera británica Penny Sartori, que lleva cerca de 20 años trabajando en la UCI.

 

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Una carrera lo suficientemente sólida como para haber visto de todo, intuir patrones y elaborar hipótesis sobre estos fenómenos. Tanto es así, que está a punto de rematar una tesis doctoral sobre estas cuestiones, cuyas principales conclusiones salen en el libro The Wisdom Of Near-Death Experiences (Watkins Publishing).

A lo largo de toda su carrera, Sartori se ha entrevistado con pacientes que han vivido experiencias cercanas a la muerte (ECM), así como con familiares que han vivido de cerca experiencias de muerte compartida (EMC). La cantidad y la repetición de patrones hacen que la enfermera descarte la hipótesis de la casualidad o la imposibilidad de hallar un razonamiento lógico para este extendido fenómeno.

Su tesis principal se centra en que “nuestro cerebro es independiente de la conciencia. Es el medio para canalizarla, por lo que en realidad es físicamente ajena al cuerpo”. Una idea que explicaría, añade la doctoranda, por qué “el alma y la conciencia pueden experimentarse al margen del cuerpo”, como en las ECM o en la meditación budista.

 

SI TIENEN UNA ECM SE VAN FELICES

Los ejemplos de los que Sartori se vale en su libro son muy numerosos, pero todos suelen coincidir en que los pacientes que viven estas ECM son siempre los que abrazan la muerte de la forma más tranquila y feliz, al igual que los familiares que presienten la muerte de sus seres queridos. ¿Por qué? Según las entrevistas que ha mantenido con estos últimos se debe a que están convencidos de que sólo se trata del fin de la vida terrenal.

Al margen de que se trate de personas creyentes, agnósticas o ateas, todas ellas tienen el sueño o la visión de cómo su familiar se va de este mundo guiado por alguien (cónyuges ya fallecidos, seres anónimos o ángeles) y lo hace con una clara sensación de “paz y amor”.

Este no es el caso de los ejemplos de personas que a sabiendas de cuando van a morir piden quedarse unos minutos solos o lo hacen justo cuando el familiar, que permanece todo el tiempo a su lado, los abandona un solo momento para ir al baño. Otros casos igualmente llamativos son los de personas que se mueren justo después de ver al familiar que tarda en acudir a verlos.

 

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HABLAN CON MUERTOS Y ENCUENTRAN PAZ 

El recurso, “cínico” según Sartori, a explicar este fenómeno a partir de disfunciones cerebrales, tampoco se sostiene con los ejemplos de personas ingresadas con Alzhéimer avanzado que repentinamente recuperan la capacidad de raciocinio. “Se trata de pacientes en un estadio terminal de la enfermedad, incapaces de articular palabra, que de forma sorprendente comienzan a hablar con total coherencia, interactuando con gente que no está en la habitación y que frecuentemente son familiares muertos”, explica la autora. Además, añade, “suele suceder que después de esta experiencia dejan de estar intranquilos y acaban muriendo con una sonrisa en la cara, generalmente, uno o dos días después”.

La autora defiende en su libro que este tipo de vivencias, recopiladas a lo largo de toda su carrera, pueden ser claves para demostrar la existencia de una vida después de la muerte y que, al menos, deben abrir una nueva vía de investigación (como algunas que parten de la física cuántica) para los estudios científicos. De lo que sí dice estar convencida es de que “la muerte no es tan temible como nos la solemos imaginar”.

 

¿QUÉ PASA CUANDO EL CUERPO SE PONE RÍGIDO?

Existen numerosos testimonios de gente que estaba agonizando (por ahogamiento y otros accidentes), pero que al final lograron salvarse. Ellos narran que vieron pasar toda su vida en un instante frente a sus ojos, con el mínimo detalle, incluso algunos mencionan aspectos de los que ni siquiera estaban conscientes que hubieran sucedido.

El esoterismo dice que es un momento importante para la persona al término de su vida física.

El aliento abandona el cuerpo y decimos que el hombre ha muerto, pero esto es sólo el comienzo de la muerte, porque su acción prosigue en otros planos. Cuando el cuerpo está rígido y los ojos cerrados, todas las fuerzas del cuerpo y de la mente se precipitan a través del cerebro y por una serie de imágenes, la vida entera que apenas acaba de terminar, queda indeleblemente grabada en el hombre interno, no solamente en una forma general, sino también hasta en los más mínimos y fugaces detalles.

En ese momento, aunque todas las señales conducen al médico a pronunciar la muerte y aunque en realidad para esta vida la persona está muerta, el hombre interior (el Ego) está muy activo en el cerebro y hasta que esa tarea [de recapitulación de los recuerdos de su vida] esté terminada no se puede decir que la persona ha fallecido en realidad.

 

Cuando esta labor solemne ha finalizado, el cuerpo astral se desprende del físico [para progresivamente irse desintegrando], y habiéndose ido la energía de vida, los cuatro principios restantes se trasladan a Kama-Loka. [La zona intermedia entre el mundo divino y el mundo físico, para continuar con su viaje post-mortem’ (William Judge, El Océano de la Teosofía, cap12, p99)

 

VES TU VIDA POR UNOS SEGUNDOS 

Esta visión tiene lugar cuando una persona ya ha sido declarada muerta. El cerebro es el último órgano en morir.

El cerebro agonizante desaloja la memoria con un fuerte impulso supremo, y la memoria restaura fielmente toda impresión que se haya confiado durante el periodo de actividad del cerebro. Aquella impresión y pensamientos que fuese la más fuerte, naturalmente llega a ser la más vivida y sobrevive por así decirlo, a todo el resto que ahora se desvanece y desaparece para siempre [del cerebro], solo para reaparecer en Devachan [en donde servirá de base para su vida devachanica].

El hombre puede muy frecuentemente parecer muerto. Sin embargo, desde la última pulsación, desde y entre el último latido del corazón y el momento cuando la última chispa de calor animal deja el cuerpo, el cerebro piensa y el Ego [la consciencia de la persona] vive otra vez su vida en esos breves segundos.

 

 


“ESTUVE DOS MINUTOS MUERTA Y VI UNA LUZ”

Recientemente el sitio de preguntas y respuestas Quora ha recolectado algunas experiencias cercanas a la muerte publicadas por sus usuarios en base a la pregunta: “¿Cómo se siente morir?”

Una usuaria de nombre Anne recuerda cuando estuvo en un hospital al borde de la muerte y vio “la luz blanca sobre una montaña”

“Era hermoso. Sentí que me levantaba de mi cuerpo como si éste fuera en realidad una enorme carga; fue liberarme de la gravedad, elevarme, definitivamente con un sentido de dirección, inhalando y expandiéndome. Traté de mirarme a mí misma, pero no había nada ahí. Eso me impactó, pero no me asustó. Tampoco me sentí sola, había “otros” a quienes no podía ver, pero sabía que estaban ahí porque me “hablaban”. Fue como si me dieran la bienvenida. Vi una hermosa luz blanca en la cima de una montaña. Lo primero que me dije a mi misma fue: “Oh Dios, ¡he muerto!”, cuenta en su publicación.

‘Había tanta gente subiendo a esa montaña, hacia la luz. Yo, por mi parte, estaba furiosa. No podía dejar de pensar cómo había pasado por la sala de emergencias tantas veces y todo había salido bien, y ahora, sin esperarlo, estaba muerta. No vi mi propio cuerpo, pero sí noté que la demás gente fallecida en aquella montaña lucía normal.

Por primera vez en mi vida no sentía dolor de ningún tipo. Solo estaba enojada… Transcurridos unos pocos minutos, mi prima se apareció ante mí y me dijo: ‘Deanne, regresa’. No me habían llamado Deanne desde que era una niña, y ella era una de las pocas personas que me conocía por ese nombre. Cuando me di vuelta para ver qué quería decir con ‘regresa’, caí con fuerza a la cama del hospital con media docena de doctores y enfermeras alrededor gritándome ‘¡quédate con nosotros!’. ‘El dolor regresó. Estaba en shock. Nunca olvidaré mis dos minutos y medio como difunta, a pesar, claro, que soy afortunada al haber podido regresar a la vida’. Increíble, Dios da una segunda oportunidad cuando menos lo esperas.