El brutal feminicidio de Chahinez Daoud, quien había denunciado a su agresor, sacude a Francia y expone fallas en la protección a víctimas de violencia de género.
Un tribunal francés impuso este viernes cadena perpetua a Mounir Boutaa, de 48 años, por el brutal asesinato de su esposa Chahinez Daoud en mayo de 2021, un crimen que conmocionó a Francia y se convirtió en símbolo de la violencia machista.
El albañil franco-argelino disparó a su víctima en ambas piernas con una escopeta, la roció con gasolina y la quemó viva en las afueras de Burdeos, en un acto que la fiscal Cécile Kauffman calificó como «ataque homicida con intención de exterminio».
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El horroroso crimen ocurrió después de que Boutaa pasara todo el día espiando a su esposa de 31 años desde una furgoneta adaptada, demostrando una premeditación escalofriante.
Chahinez, quien se había casado con el agresor en 2015, había presentado denuncias previas por violencia doméstica que no fueron atendidas adecuadamente por las autoridades, revelando graves fallas en el sistema de protección a víctimas.
Este caso ha generado indignación nacional y renovado el debate sobre la eficacia de las medidas contra la violencia de género en Francia, donde en 2021 se registraron 122 feminicidios.
Organizaciones de derechos de la mujer exigen reformas urgentes para prevenir tragedias similares y mejorar la respuesta institucional ante denuncias de violencia doméstica.
La sentencia a cadena perpetua, la máxima pena en el sistema judicial francés, busca enviar un mensaje contundente contra la violencia machista.
Sin embargo, activistas insisten en que se necesita más que castigos ejemplares: demandan educación, prevención y protocolos efectivos para proteger a las mujeres en riesgo.
Mientras Francia reflexiona sobre este caso emblemático, la memoria de Chahinez Daoud se convierte en un llamado a la acción contra una epidemia de violencia que sigue cobrando vidas en Europa y el mundo.
La justicia ha hablado, pero el dolor de una muerte evitable permanece.




