De acuerdo con la compañía estatal, Enel había planificado llevar a cabo tareas de remoción de sedimentos en la central de Huampaní
El Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal) anunció el sábado que las labores de limpieza de sedimentos realizadas por la empresa multinacional Enel en la central hidroeléctrica de Huampaní, ubicada en la carretera Central, podrían resultar en una escasez de suministro de agua potable en Lima y Callao.
En un comunicado oficial, la entidad estatal señaló que el flujo del río Rímac, que abastece a la planta de tratamiento de agua, podría verse afectado debido a estas actividades, “se verá afectado por pérdidas, a causa de la contaminación generada por infiltración, así como la captación de las bocatomas V”. Consecuentemente, “la producción de agua para la ciudad de Lima se verá en riesgo”.
“Ante los niveles críticos de los estanques reguladores, donde se almacena el agua tras el proceso de pretratamiento, Sedapal solicitó a Enel la reprogramación de los trabajos […], ya que podría afectar el abastecimiento de agua potable a los usuarios. No obstante, la empresa”, optó por realizar las labores, precisó.
La empresa también mencionó que, a causa de la contaminación en el flujo del río, se ha detenido la extracción de agua, lo que tiene un impacto directo en la generación y entrega de agua potable en las áreas de Lima y Callao. Ante esta situación, Sedapal ha implementado un plan de emergencia con el fin de garantizar la continuidad del servicio y hace un llamado a la población para que haga un uso responsable del agua hasta que se resuelva este problema.

Por otro lado, Enel precisó que sus acciones forman parte de un plan preventivo que había sido comunicado previamente, incluso a la Autoridad Nacional del Agua (ANA). En un comunicado en respuesta a la entidad estatal, se mencionó que entre las actividades programadas para estos días se incluía la remoción de rocas y la limpieza del río Rímac para prevenir posibles desbordamientos en caso de un aumento en el caudal.
Además, Enel indicó que comenzó las labores a las 6:00 de la mañana, pero recibió la solicitud de Sedapal para suspenderlas cuatro horas más tarde. “Ante su pedido, procedimos inmediatamente a detener las actividades y lo informamos […] Debemos indicar también que en estos momentos existen diferentes entidades que, como nosotros vienen, realizando actividades de limpieza en el cauce del río. Todas estas son necesarias acciones de preparación ante el próximo Niño”, continuó.
En agosto del año pasado, el presidente del consejo de administración de Sedapal, Héctor Piscoya, hizo notar que la ciudad enfrenta una situación de escasez de agua debido a la disminución de las lluvias en ese año en comparación con años anteriores, lo cual se debe al fenómeno climático.
“Vecinos de Lima y Callao, les pido que ahorren el agua porque después podría ser tarde con consecuencias que no queremos”, dijo en una entrevista con el dominical Punto Final. También señaló que las lagunas que proveen de agua a Lima, como Huascacocha y Marcapomacocha, han enfrentado una reducción de su capacidad en un 30%.

De acuerdo con Sedapal, en un escenario ideal, todas las represas deberían haber logrado almacenar aproximadamente 331 millones de metros cúbicos de agua en un año. No obstante, hasta la fecha, solo se ha conseguido acumular el 70% de esa cantidad. En ese sentido, el jefe del Centro Nacional de Estimulación, Prevención y Reducción de Desastres (Cenepred), Miguel Yamasaki, destacó que Lima es la segunda ciudad más grande del mundo que se encuentra en un entorno desértico, enfatizando la importancia de administrar de manera eficaz este recurso.
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Alberto Cairampoma, quien es profesor en la Universidad Católica y autor del libro «Los servicios públicos de agua potable y saneamiento en el Perú,» señaló a Infobae Perú que la situación es preocupante, incluso sin la presencia del fenómeno de El Niño.
“En Lima hay más de 635 mil personas (6% de la población) que no tiene agua potable”, de modo que se ve en la necesidad de comprar agua de camiones cisterna, “a veces a un precio superior”, dijo.
La creciente presión demográfica ha impulsado a las personas a asentarse en áreas cercanas a ríos, arroyos y cauces naturales de desagüe, que son más propensas a inundaciones y deslizamientos de tierra. Esto amplifica los impactos y los daños causados por las lluvias intensas.




