Viruela del mono, hepatitis y covid: ¿es el mundo más propenso a las epidemias?

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Las últimas semanas han estado marcadas por dos brotes que preocupan a las autoridades de salud. El primero, una hepatitis de origen misterioso que afecta principalmente a niños. El segundo, la aparición de casos de viruela del mono en varios países.

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Los científicos intentan desvelar los orígenes y causas de estos brotes que suceden en medio de la pandemia de covid-19, una enfermedad causada por un virus que antes de 2020 era absolutamente desconocido. Y antes que el coronavirus dominara las noticias, en la última década hemos presenciado la evolución de otros problemas de salud vinculados a virus como el ébola, el zika, el dengue o el sarampión.

¿Son estas crisis de salud fruto de la casualidad? ¿O es que vivimos en un contexto de brotes, epidemias y pandemias?

Especialistas apuntan a la segunda hipótesis como la más probable. Actualmente, el mundo reúne una serie de características que facilitan la aparición o el resurgimiento de enfermedades infecciosas. Hay siete factores que ayudan a explicar este escenario: más tránsito de personas entre países, la urbanización desenfrenada, el cambio climático, mayor demanda de proteína animal, más contacto con zonas silvestres, rechazo a las vacunas y falta de profesionales de salud y vigilancia.

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Viajes internacionales

Cruzar continentes y oceános en pocas horas es hoy relativamente fácil y barato.

Pongamos como ejemplo un viaje entre Sao Paulo en Brasil y Urasoe, en la isla de Okinawa en Japón. Es posible llegar en 33 horas y 10 minutos, con paradas en Dallas y Chicago, en Estados Unidos, y en Tokio y Okinawa, en Japón.

En la práctica, eso significa que puedes infectarte con un virus en Brasil y, antes de desarrollar cualquier síntoma, encontrarte literalmente al otro lado del mundo. Datos del Banco Mundial estiman que en 1990, mil millones de personas viajaron en avión. En 2019, ese número aumentó a 4.500 millones de pasajeros, lo que representa más de la mitad de la población mundial.

Por un lado, el aumento de la movilidad entre fronteras representa una oportunidad de negocios, conexiones y contactos con otras culturas. Por otro, facilita la transmisión de agentes infecciosos y puede acelerar los brotes de epidemias e incluso pandemias.

En las últimas semanas, la llamada viruela de los monos, antes restringida a algunas regiones en África, apareció simultáneamente en otros continentes, con casos registrados en varios países europeos y Estados Unidos principalmente. Y este fenómeno está conectado a la movilidad global.

 

Urbanización

La Organización de Naciones Unidas (ONU) calcula que en 1950 dos tercios de la población mundial vivía en zonas rurales. La agencia estima que para 2050 esta proporción se va a invertir: en poco más de dos décadas, el 66% de personas vivirán en ciudades. Y el cambio más drástico será en Asia y África.

La gran cuestión, señalan los expertos, es que muchos de estos nuevos espacios urbanos son deficientes en infraestructura, transporte público, vivienda, saneamiento básico y atención médica.

Y esto crea las condiciones ideales para que virus y bacterias prosperen y circulen libremente.

Verter aguas residuales sin tratar en arroyos y manantiales, por ejemplo, puede ser fuente de infecciones gastrointestinales graves.

 

Cambio climático

El aumento de la temperatura media del planeta trae consecuencias diversas para la salud.

La Organización Mundial de la Salud estima que entre 2030 y 2050 el cambio climático estará directamente relacionado con 250.000 muertes adicionales cada año.

Entre las causas de estas muertes, la entidad destaca el incremento de enfermedades infecciosas, como la malaria y el dengue.

Y esto sucede porque los mosquitos que transmiten estas enfermedades se reproducen precisamente en el calor y aprovechan los embalses de agua que surgen en épocas de lluvia.

Ahora bien, si la tendencia es que las temperaturas sean cada vez más altas, esto representa una gran oportunidad para que muchos vectores ganen terreno y ayuden a propagar aún más los agentes infecciosos.

 

Mayor contacto con animales

Tampoco se puede ignorar el papel que puede jugar la destrucción de reservas naturales en la aparición de nuevas enfermedades causadas por virus, bacterias y otros patógenos. Los datos del Banco Mundial indican que en 1990 el mundo tenía 41,2 millones de kilómetros cuadrados de superficie boscosa. Ese número se redujo a 39,9 millones en 2016.

La superficie devastada de más de 1,3 millones de kilómetros cuadrados en solo 26 años equivale casi a toda la Amazonía (el estado más grande de Brasil) y supera la superficie de países como Perú, Colombia y Sudáfrica.

Desde el punto de vista de la salud, esto también representa una gran amenaza para los humanos. Eso es porque los virus están quietos ahí en la naturaleza, cumpliendo sus interminables ciclos de replicación dentro de otro ser vivo.

El crecimiento de las ciudades y el agronegocio termina por destruir muchas de estas reservas naturales, lo que desplaza a los animales y posibilita el contacto entre estos y los seres humanos. Los virus, que anteriormente solo afectaban a una especie, pueden “saltar” hacia nosotros.

La mayoría de las veces esta interacción no lleva a ninguna parte. Pero hay algunos casos en los que el patógeno logra adaptarse bien y comienza a evolucionar específicamente para la especie humana, provocando nuevas enfermedades“, completa el especialista.

Uno de los brotes más recientes de ébola, por ejemplo, comenzó en África occidental en 2014 y apareció precisamente en regiones de extracción de madera y minerales. Debido a estas actividades, los humanos comenzaron a tener más contacto con los animales de la región, entre ellos, los murciélagos portadores de este virus.