Ricardo Leyva el hombre que mataba sin piedad y solo por las noches

0
1166
Ricardo Leyva Ramírez
Ricardo Leyva Ramírez

A sangre fría y a bocajarro. Así disparó Mike Ramírez a la cara de su esposa en presencia del pequeño Richard. Tras el estruendo de aquella detonación, el rostro del niño de apenas diez años se impregnó de sangre. Su primo acababa de cometer un crimen. El ‘pecado’ de la víctima: pedirle al ex Boina Verde que no alardease de las violaciones, mutilaciones, orgías y asesinatos perpetradas como el ex combatiente en la guerra de Vietnam.

Decía estar poseído por el diablo para asesinar cruelmente a sus víctimas

Aquel asesinato fue un antes y un después en la vida de Ricardo Leyva Ramírez.

 

MIEDO A LA MUERTE

Nacido en la ciudad de El Paso en Texas en 1960, Richard o Richie como le solían llamar familiarmente, era un pequeño tímido, retraído, solitario, que no podía interactuar con sus compañeros de colegio como quería al padecer episodios epilépticos.

Tampoco ayudó haber nacido en una familia muy estricta donde su padre, inmigrante mexicano, propinaba continuas palizas tanto a él como a su madre y hermanos. Pero fue la epilepsia lo que le produjo un absoluto miedo a la muerte. Su única forma de superarlo: visitar cementerios y transformar aquel pavor en una completa fascinación.

El primo asesino le enseñó a ver la mutilación y determinadas posturas sexuales como algo normal. A creerse superior, una especie de Dios con el poder de decidir quién vivía y quién no. Y todo ese cóctel, propició en el menor unas ansias por emular a su primo mayor.

Por eso comenzó a fumar marihuana, a asaltar y matar animales en granjas, a efectuar pequeños robos, realizar allanamientos… Y todo con un único objetivo: conseguir droga.

Aquella violencia con la que se había ido empapando “gracias” a su primo, generó en Richie fantasías salpicadas de muerte y sangre siempre con una gratificación erótico-sexual. Durante los siguientes años, también influyó en él la existencia de la doctrina satánica.

Leer también:

El genio de la química que se convirtió en “el envenenador de las tazas de té”

ALABANDO AL MAL

Su personalidad había encontrado una vía de entendimiento en esta especie de religión. Porque para Richard, Satán era su Dios.

El segundo punto de inflexión se inició cuando se mudó a Los Ángeles. Allí, vagando sin rumbo fijo, continuó con sus tropelías con las drogas y robos a menor escala. Le tomaron las huellas (algo crucial en esta historia), pasó hasta seis meses en la cárcel, y al quedar en libertad, empezó a atacar y acosar a gente.

Incluso durante varias horas secuestró a niños con el único objetivo de traumatizarlos. La suma de todos estos ingredientes le llevó con veinticuatro años a estrenar su particular ritual sanguinario. Su primera presa en esta particular cacería fue Jennie Vincow de 79 años. Ocurrió en un caluroso verano de 1984.

Los vecinos del barrio de Glassell Park de Los Ángeles dormían con las ventanas abiertas. Portaba un afilado cuchillo de caza de quince centímetros. Buscaba joyas que llevarse.

Decepcionado al no encontrar lo que buscaba, Richard acuchilló salvajemente en el pecho y en el cuello de Jennie. Después, abusó sexualmente de ella.

El crimen de Jennie Vincow fue el primero de una larga lista de asesinatos que se alargó hasta agosto de 1985. Su modus operandi le hacía ser extremadamente peligroso. Era impulsivo e inhumano. Y esto lo hacía ser tan imprevisible como letal.

Eran, aparentemente, crímenes sin conexión alguna. Pero cada uno de ellos estaba impreso de una crueldad inconcebible. Desde un tiro a sangre fría en la cara de la joven Dayle Okazaki de 33 años después de allanar su domicilio, pasando por las decenas de cuchilladas a la italiana Maxine Zazzara de 44 años a la que, entre otras cosas, había sacado los ojos tras matar a su marido.

Leer también [Elige tu local de votación para estas próximas elecciones]

TERROR EN LOS ÁNGELES

En el verano de 1985, la escalada de violencia llegó al punto más alto. Por entonces, Richard llevaba ya 23 víctimas, 12 asesinadas impunemente.

Pero un error durante su última cacería llevó a Richard hasta la mismísima policía. Era la madrugada del 24 al 25 de agosto de 1985 y el homicida asaltó una vivienda del barrio de Mission Viejo.

Era el domicilio de la joven pareja formada por William Carns e Inez Erickson. Ramírez entró en el dormitorio mientras dormían y descargó tres tiros a bocajarro en la cabeza de William. Inez se despertó por los disparos y se quedó en estado de shock mientras aquella sombra la observaba.

Merodeó por la casa en busca de algo de valor y tras no encontrar nada, violó y torturó a la chica hasta que ésta le confesó un escondrijo donde su novio guardaba algo de dinero. Horas más tarde y tras apuntarla con la pistola, Richard decidió marcharse y dejarla con vida. Ése sería su gran error. La joven no solo dio una descripción exacta del Acosador Nocturno, si no que éste dejó sus huellas dactilares por todo el piso.

Las autoridades del estado de California por fin disponían de un innovador sistema de identificación dactilar.

 

EL CAZADOR CAZADO

Los agentes encontraron el Toyota en el aparcamiento de un McDonalds. Iniciaron la vigilancia esperando que su dueño apareciese, pero Ramírez se había largado a Tucson a visitar a unos familiares. Fue entonces cuando registraron y analizaron el vehículo y obtuvieron diversas huellas. Al contrastar una de ellas con la base de datos dio un resultado: Richard Ramírez.

Inmediatamente, se hizo pública su identidad. Toda Los Ángeles por fin conocía quién era el asesino en serie que les había aterrorizado en los últimos meses. Así que cuando Richie regresó de su viaje, ajeno a todo el impacto mediático, comenzaron los problemas.

Cogió un autobús y pese a tomar precauciones, todos los pasajeros le reconocieron. Decidió bajarse de inmediato. Sabía que la policía estaba cerca, así que huyó. Intentó robar el coche a una mujer, pero sus gritos alertaron a su marido y a otros vecinos que le persiguieron corriendo hasta alcanzarle.

Tras su detención, el asesino fue acusado de treinta y un delitos graves y catorce asesinatos. Pero aún quedaba un largo y grotesco proceso judicial por delante.

 

DE ASESINO A “ESTRELLA” MEDIÁTICA

El 3 de octubre de 1989, Richard Ramírez fue declarado culpable de catorce asesinatos, cinco intentos de asesinato, nueve violaciones, dos secuestros, cinco robos y catorce allanamientos de morada. El tribunal lo sentenció a diecinueve penas de muerte. Hasta el día de su ejecución en la cámara de gas, el Acosador Nocturno esperaría en la prisión de San Quintín (California).

La muerte no le llegó a modo de ejecución, si no por un linfoma. Murió el 7 de junio de 2013 a los 53 años como un auténtico fenómeno social, una estrella mediática que contestaba las cartas de sus admiradores, diseñaba camisetas de grupos heavys o canturreaba canciones de rock. Los expertos que analizaron la personalidad de este asesino en serie lo siguen encontrando tan atípico como terrible.