Dos potencias globales sacudieron el escenario geopolítico cuando se unieron para realizar ejercicios militares cerca de Taiwán. Las maniobras sirvieron para evitar que la República Popular de China desate un conflicto militar en Asia. No obstante, las iniciativas, calificadas por Pekín como una «amenaza» y por Moscú como una «acción desestabilizadora», se produjeron después de que el presidente chino, Xi Jinping, mostrara a líderes autoritarios -como Vladímir Putin y Kim Jong Un- un desfile militar de 70 minutos que incluyó misiles hipersónicos y armamento con capacidad nuclear.
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Los ejercicios militares conjuntos de las dos potencias globales se llamaron ‘Resolute Dragon’ y se desarrollaron con el despliegue de misiles Typhon y sistemas NMESIS en rutas comerciales y zonas que Beijing considera estratégicas. China y Rusia sostienen que este armamento altera el equilibrio militar regional, abre la puerta a una nueva carrera armamentista en Asia y eleva las tensiones en el Indo-Pacífico.




