Madre de adolescente trans asesinada en el Reino Unido aboga por la prohibición de redes sociales para menores de 16 años.
En respuesta a la trágica muerte de su hija Brianna Ghey, brutalmente asesinada en el Reino Unido con 28 puñaladas, Esther Ghey ha emprendido una campaña para prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años. Brianna, una joven transgénero de 14 años, fue víctima de un crimen sádico, y su madre destaca el fácil acceso de los asesinos a contenido perjudicial en línea, incluida una aplicación para la red oscura. La madre, junto con miles de padres, exige que las compañías telefónicas asuman responsabilidades, proponiendo una edad mínima y controles rigurosos para limitar el uso de aplicaciones de redes sociales.
La cruzada de Esther Ghey ha resonado ampliamente en los medios británicos, generando conciencia sobre los peligros de la exposición sin restricciones a la tecnología en la juventud. La madre afligida ha expresado su deseo de reunirse con los padres de los asesinos, Scarlett Jenkinson y Eddie Ratcliffe, quienes tenían 15 y 16 años cuando cometieron el crimen y ahora cumplen condena de 22 y 20 años de prisión.
Durante el Juicio
Durante el juicio, la jueza Amanda Yip señaló la obsesión de Jenkinson por Brianna, evidenciada por miles de seguidores en TikTok. La sentencia reveló un asesinato premeditado impulsado por un profundo deseo de matar, alimentado por contenido violento y tortuoso en la red oscura. Además, la magistrada reconoció la hostilidad hacia Brianna debido a su identidad transgénero.
Brianna, quien decidió cambiar de género en la preadolescencia, enfrentó desafíos de salud mental, incluyendo el acceso a contenido pro-anorexia y pro-autolesiones. Diagnosticada con déficit de atención e hiperactividad, así como autismo, su madre destaca la necesidad de abordar los peligros psicológicos asociados con la exposición no regulada a la tecnología.
Esther Ghey insta a la sociedad a reaccionar ante la alarmante realidad que enfrentan los niños y adolescentes, advirtiendo sobre la exposición temprana a la pornografía y sus consecuencias en las relaciones estables. Aboga por medidas más estrictas, citando estadísticas que revelan que el 49% de los niños de 8 a 11 años poseen un smartphone, exponiéndolos a riesgos psicológicos y afectando su desarrollo emocional y social.
Más aquí:




