CONTIENE PASAJES QUE NO SALEN NI EN ANTIGUO NI EN NUEVO TESTAMENTO
Un grupo de beduinos de la tribu ta´amireh encontraron los primeros rollos en invierno de 1946 o primavera de 1947. Este hallazgo tuvo lugar en una cueva situada en la orilla noroccidental del mar Muerto, cerca del enclave que las tribus beduinas llaman en árabe Khirbet Qumrán (ruinas de Qumrán). Hasta hace unos años, imposibles de descifrarse, hoy, ya se han traducido varios párrafos y debido a la Semana Santa, un centro de estudios bíblicos decidió retomar el tema.
Según la versión oficial, el beduino Mohammed Adh-Dhib, él y dos compañeros suyos, encontraron en dicha cueva diez jarrones. En uno de ellos encontraron tres manuscritos en hebreo escritos en cuero. Ni más ni menos que una copia completa del libro bíblico del profeta Isaías, un pesher del libro bíblico del profeta menor Habacuc, y un texto desconocido titulado La Regla de la Comunidad.
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Días después, los beduinos volvieron y encontraron cuatro pergaminos más, tres en hebreo y uno en arameo. Dichos textos son otra copia (en este caso fragmentada) del libro de Isaías, un rollo de contenido escatológico (conocido oficialmente como Regla de la Guerra o La Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas), un manuscrito con himnos (en hebreo Hodayot), y una versión apócrifa del Génesis en arameo.
Tratando de conseguir algo de dinero, los beduinos vendieron los manuscritos a dos anticuarios de Belén: Khalil Iskander Shahin y Faidi Salahi. En julio, cuatro de los siete manuscritos fueron comprados por el archimandrita (abad superior al rango de obispo en las iglesias ortodoxas) Mar Atanasio Y. Samuel, del monasterio sirio-ortodoxo de San Marcos, en la ciudad vieja de Jerusalén, por la irrisoria cifra de veinticuatro libras esterlinas. A finales de ese año, y tras auténticas peripecias debido a la tumultuosa e inestable situación de Palestina, el arqueólogo E. L. Sukenik, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, adquirió para dicha institución los tres rollos restantes.
A principios de 1948, el archimandrita se puso en contacto con el profesor Sukenik y con John C. Trever del American School of Oriental Research (ASOR) para certificar la autenticidad de los textos. Esta fue la primera ocasión en la que los manuscritos fueron fotografiados. Sin embargo, durante el período de la guerra de Independencia, a lo largo de ese mismo año, fueron sacados de Jerusalén por Mar Samuel, exponiéndolos en Estados Unidos durante 1949-1951 en numerosas galerías de arte con el objetivo de venderlos.
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LOS PUSIERON A LA VENTA
Al fracasar en su empresa, el archimandrita decidió guardarlos hasta el 1 de junio de 1954, fecha en que anunció a través de The Wall Street Journal su venta: “Los cuatro rollos del mar Muerto. Se venden manuscritos bíblicos que datan al menos de 200 a. C. Serían un regalo ideal para una institución educativa o religiosa por parte de una persona o una colectividad”. (DeSalvo, 2008: 40)
Afortunadamente, y como si de un acto del destino se tratase, Y. Yadín, hijo del profesor Sukenik, se encontraba en Estados Unidos, por lo que pudo adquirir los manuscritos en nombre del Estado de Israel por la nada despreciable suma de 250.000 dólares, y devolverlos a su lugar de origen a comienzos de 1955. Así fue como los siete manuscritos iniciales volvían a estar unidos. Aprovechando que se hacía público tal acontecimiento, el Gobierno de Israel decidió crear en febrero de 1955 la Fundación del Santuario del Libro, parte del Museo Nacional de Israel y encargada de la preservación, estudio y exhibición de los textos.
Entre 1957 y 1965, los siete rollos fueron exhibidos en una diminuta sala del sótano del edificio de la administración de la Universidad Hebrea de Jerusalén, hasta ser finalmente trasladados a su lugar de exhibición permanente, en el Santuario del Libro, museo de original arquitectura, pues su estructura es similar a la de las vasijas en las que se encontraron los manuscritos.
Por su parte, Adolfo Roitman, director del Santuario del Libro de Jerusalén y conservador jefe de los Manuscritos del Mar Muerto custodiados en el mismo es el máximo responsable de los manuscritos bíblicos más antiguos del mundo depositados en el centro que dirige, documentos hallados entre los años 1946 y 1956 en once cuevas situadas en la zona arqueológica de Qumrán, en el desierto de Judea.
«En números redondos son cerca de mil manuscritos, de los cuales algunos están en mal estado de conservación. El más extenso que tenemos, el Rollo del Templo, tiene más de ocho metros. Y, a veces, de toda una obra original nos queda un pequeño fragmento», aseguró.
¿QUIÉN LOS ESCONDIÓ Y QUÉ CONTIENEN?
Diversos métodos de datación de documentos antiguos indican que los manuscritos se copiaron o redactaron entre el siglo III A.E.C. y el siglo I E.C. Los manuscritos revelan la existencia de una comunidad que creía que Dios había rechazado a los sacerdotes y el servicio del templo de Jerusalén, y que veía en el culto que le rendía ese grupo del desierto una especie de sustituto del servicio del templo. Parece poco probable que las autoridades del templo de Jerusalén escondieran una colección que tuviera tales documentos.
Por la forma como estos pasajes están agrupados nos dice que el escritor esperaba el advenimiento de un gran profeta, un gran príncipe o un gran sacerdote. Hubo tres individuos en el Viejo Testamento a los que se refería como «mis ungidos» –el profeta, el sacerdote y el rey (refiérase a Exodo 29:29; 1 Samuel 16:13, 24:6; 1 Reyes 19:16; Salmos 105:15). Cada uno de ellos fue consagrado a su trabajo a través de una unción de aceite. La palabra hebrea para “ungido” es “meshiach”, de donde tomamos la palabra mesías. ¨Pronto revelarán todo el contenido…




