En su rueda de prensa anual realizada el jueves, el presidente ruso, Vladimir Putin, negó que la caída del régimen de Bashar Al-Assad suponga una derrota para Rusia. “Le aseguro que eso no es así. Rusia ha logrado, a grandes rasgos, sus objetivos en Siria”, declaró.
El mandatario argumentó que la intervención militar rusa, iniciada en 2015, tenía como objetivo principal evitar la creación de un enclave terrorista en el país. Un propósito que, según él, se ha cumplido.
Sin embargo, reconoció que el panorama político en Siria está cambiando rápidamente, lo que obliga al Kremlin a replantearse su papel en el futuro del país.
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Una de las decisiones pendientes para Rusia es el futuro de sus bases militares en Siria, ubicadas en Tartus y Jmeimim. Putin mencionó que varios grupos en Siria han expresado su interés en que estas bases permanezcan, aunque Moscú aún no ha tomado una decisión al respecto.
El ascenso de Hayat Tahrir al-Sham como principal actor político y militar en Siria plantea interrogantes, aunque para Putin, este grupo vinculado anteriormente a Al Qaeda, ha experimentado cambios que lo han llevado a ganar legitimidad ante países europeos y Estados Unidos, que buscan entablar relaciones con ellos.




