Vacunados contra no vacunados: la guerra cultural de Europa

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Pandemia
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Sven Müller está orgulloso de no estar vacunado. Él cree que las vacunas contra el COVID no son ni eficaces ni seguras, sino una manera que tienen de ganar dinero las compañías farmacéuticas y los políticos corruptos que le están arrebatando su libertad.

En algunos lugares, la resistencia a las vacunas se ha convertido en la plataforma de los movimientos nacionalistas populistas

De acuerdo con las nuevas reglas del gobierno para contener los contagios de coronavirus, Müller ya no puede ir a restaurantes, al boliche, al cine, ni a la peluquería. A partir de la próxima semana, también le prohibirán entrar a casi todas las tiendas. Pero eso no ha hecho más que reafirmar su decisión.

No van a doblegarme”, afirmó Müler, de 40 años, quien es el propietario de un bar en el pueblo de Annaberg-Buchholz, en la región de los Montes Metálicos del estado oriental de Sajonia, donde la tasa de vacunación es del 44 por ciento, la más baja de Alemania.

Müller personifica el problema que, en algunas partes de Europa, es tan severo como en Estados Unidos. Si Alemania tuviera estados demócratas y republicanos, Sajonia sería un estado por completo republicano. En lugares como este, los grupos pequeños de personas sin vacunar están impulsando la ola más reciente de contagios, saturando los limitados pabellones de los hospitales, poniendo en riesgo la recuperación económica y haciendo que los gobiernos tengan muchos problemas para detener la cuarta ola de la pandemia.

Pese a que los estudios demuestran que la vacunación es la manera más eficaz de prevenir el contagio (y de evitar la hospitalización y la muerte en caso de contraer la infección), ha sido casi imposible convencer a quienes les tienen una gran desconfianza a las vacunas. En cambio, los gobiernos de Europa occidental están recurriendo cada vez más a una coerción nada disimulada al instaurar una combinación de reglas, incentivos y castigos.

 

FUNCIONA EN VARIOS PAÍSES

Y esto está funcionando en muchos países. Cuando el presidente Emmanuel Macron anunció en julio que se exigirían los pasaportes de vacunación para entrar a la mayor parte de los lugares de reunión, Francia —donde había una gran renuncia a vacunarse— era uno de los países europeos con menores tasas de vacunación. Ahora, cuenta con una de las tasas más altas del mundo.

El primer ministro de Italia, Mario Draghi, siguió el ejemplo de Macron e instauró medidas todavía más estrictas. Ahí, al igual que en España, ya han sido sofocados, en su mayoría, los intentos de los partidos populistas por alimentar una actitud antivacunas generalizada.

No obstante, a nivel regional, sigue habiendo un rechazo a la vacuna contra el coronavirus. El problema es más persistente en Europa central y oriental, así como en los países de habla alemana y las regiones fronterizas.

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En Italia, la provincia de Bolzano —la cual tiene frontera con Austria y Suiza, donde el 70 por ciento de la población habla alemán— tiene la tasa de vacunación más baja del país. Los especialistas han asociado el marcado incremento de los contagios en esa área con los frecuentes intercambios con Austria, pero también con una tendencia cultural de la población hacia la homeopatía y los remedios de origen natural.

Existe cierta correlación con los partidos de extrema derecha, pero la razón principal es la confianza que le tienen a la naturaleza”, comentó Patrick Franzoni, médico encargado de la campaña de vacunación en esa provincia. Explicó que, sobre todo en los Alpes, la población de habla alemana tiene más confianza en el aire puro, los productos orgánicos y los tés de hierbas que en los fármacos convencionales.

De hecho, Alemania, Austria y la región de habla alemana de Suiza tienen la tasa más alta de poblaciones sin vacunar de toda Europa occidental. Más o menos una de cada cuatro personas mayores de 12 años no está vacunada, en comparación con una de cada diez en Francia e Italia y con casi ninguna en Portugal.

Los sociólogos afirman que además de una importante cultura que se inclina por la medicina alternativa, el rechazo a la vacuna es incentivado por una fuerte tradición de los gobiernos descentralizados que tiende a exacerbar la desconfianza en las normas impuestas desde la capital, y por un ecosistema de la extrema derecha que sabe cómo explotar ambas cosas.