Ucranianos sufren electrocución y palizas en las ciudades capturadas por Rusia

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Ucranianos sufren electrocución y palizas en las ciudades capturadas por Rusia
Ucranianos sufren electrocución y palizas en las ciudades capturadas por Rusia

Las autoridades ucranianas dicen que las fuerzas rusas y los separatistas respaldados por Rusia han llevado a cabo filtraciones en los territorios ocupados como un intento de establecer los posibles vínculos de los residentes con el ejército, las fuerzas del orden e incluso el gobierno local, mientras las fuerzas invasoras intentan restaurar los servicios y la infraestructura.

Horrorosos castigos impuestos por las fuerzas rusas

Los hombres en edad de pelear son un objetivo particular, los revisan en busca de signos en el cuerpo que puedan sugerir el uso reciente de armas, como en los dedos y los hombros.

Los registros al desnudo son comunes, dicen los testigos, incluso para las mujeres. Oleksandra Matviychuk, directora del Centro para las Libertades Civiles, un grupo de derechos humanos con sede en Kiev, afirmó que el proceso, incluso cuando no es violento, es “inhumano”.

“No hay necesidad militar para esto… Están tratando de ocupar el país con una herramienta que yo llamo ‘inmenso dolor de la gente civil’. Te preguntas: ‘¿Por qué tanta crueldad? ¿Para qué?'”

 

La “jaula”

Maksym, un trabajador siderúrgico de 48 años, contó que lo obligaron a desnudarse mientras los oficiales en Bezimenne revisaban incluso las costuras de su ropa. Le preguntaron si pertenecía al regimiento de Azov o si era simpatizante de los nazis -él negó serlo- y por qué quería dejar Mariúpol.

“Contesté: ‘En realidad, eres tú quien está en suelo ucraniano'”. Uno de los oficiales, que dijo que eran todos rusos, reaccionó golpeando a Maksym con la culata del arma en el pecho. Se cayó.

“Apoyé la cabeza en el suelo, agarrándome las costillas. No podía levantarme”, señaló. “Fue muy doloroso respirar”.

Lo llevaron a lo que describió como una “jaula”, donde estaban recluidos otros. A los detenidos en la “jaula” no se les dio agua ni comida, y tuvieron que orinar en un rincón frente a todos. En un momento, exhausto, trató de dormir en el suelo. Un oficial entró y lo pateó en la espalda, obligándolo a ponerse de pie. Llevaban a las personas para interrogarlas y, cuando regresaban, “ves que la persona había sido golpeada”, indicó Maksym.

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Un hombre, que parecía tener alrededor de 50 años, tenía un labio sangrante y moretones rojos en el cuello. Maksym creía que había sido estrangulado. Nadie en la “jaula” preguntó o dijo nada entre sí. Tenían miedo de que los oficiales del FSB pudieran disfrazarse de prisioneros.

Después de unas cuatro o cinco horas, Maksym fue liberado y se le permitió salir de Mariúpol.

Si “[Parece ser] una política rusa diseñada de antemano y bastante bien preparada”, dijo. “Definitivamente no es un solo caso o [algo] hecho por un militar local”. Reconoció que era difícil verificar los casos o estimar la escala de la violencia. Las autoridades ucranianas no pueden llevar a cabo investigaciones en los territorios ocupados y la mayoría de las víctimas se muestran reacias a compartir sus historias, preocupadas de que sus familiares en Mariúpol puedan ser atacados si se revela su identidad.

 

“Usaron electricidad. Casi muero”

Vadym, de 43 años, quien solía trabajar en una empresa estatal en Mariúpol, dijo que fue torturado en Bezimenne en marzo. Los soldados separatistas habían interrogado a su esposa después de descubrir que había puesto “me gusta” a la página del ejército ucraniano en Facebook y de haber restaurado un recibo en su teléfono de una donación que les había hecho.

“Traté de defenderla”, señaló, “pero fui derribado”. Se levantó, pero fue golpeado una vez más. Un patrón, dijo, que sucedió una y otra vez. Cuando los soldados rusos se dieron cuenta de dónde trabajaba, llevaron a Vadym a otro edificio. Allí, Vadym dijo que los soldados separatistas le preguntaron “cosas estúpidas” y comenzaron a golpearlo.

“Usaron electricidad. Casi muero. Me caí y me atraganté con los empastes dentales que se habían salido de mis dientes”, indicó Vadym.

Vomitó y se desmayó. “Estaban furiosos. Cuando recuperé el conocimiento, me dijeron que limpiara todo y continuaron dándome descargas eléctricas”.

La tortura, dijo Vadym, solo se detuvo después de que intervinieron los oficiales rusos. Llevaron a cabo otra ronda de interrogatorios antes de finalmente liberarlo. Cuando Vadym salió del edificio, vio que se llevaban a una mujer joven, que había sido identificada durante el proceso como secretaria judicial.

“Le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y le ataron las manos”, indicó Vadym. “Su madre estaba de rodillas, rogando que no se llevaran a su hija”.

 

Traslados a Rusia

La liberación de Vadym vino con una condición: tendría que ir a Rusia. Aproximadamente 1,2 millones de personas en Ucrania, incluidos miles de residentes de Mariúpol, han sido enviadas a Rusia en contra de su voluntad desde que comenzó la invasión en febrero, según funcionarios ucranianos.

Rusia niega que esté llevando a cabo una deportación masiva, lo que constituiría un crimen de guerra según el derecho internacional humanitario, y dice que simplemente está ayudando a quienes quieren irse. Ucrania rechaza esta afirmación.