Estudios desvirtúan “mito de Jonás” y enciende miedo respecto al cetáceo
Imaginamos a las grandes ballenas como cavernas vivientes: si en una boca cabe un coche, parece lógico pensar que también cabría una persona de camino al estómago. Sin embargo, la biología separa con claridad dos preguntas que solemos confundir.
¿Cabe alguien en esa boca? Y una muy distinta: ¿puede esa persona pasar hasta el aparato digestivo? Una cosa no implica la otra. La diferencia, como veremos, se juega en un conducto de apenas unos centímetros de ancho.
HOMBRE QUEDÓ DENTRO DE BOCA DE UNA BALLENA
En febrero de 2025, el kayakista Adrián Simancas quedó durante unos segundos dentro de la boca de una ballena jorobada mientras navegaba en el estrecho de Magallanes, en el sur de Chile. El animal lo cubrió por completo y, poco después, lo expulsó. La escena, grabada por un familiar, dio la vuelta al mundo. Muchos titulares hablaron de que la ballena se lo había tragado, pero ese verbo describe mal lo que ocurrió realmente.
Dicho de otro modo: Simancas entró en la cavidad bucal del animal, no en su esófago ni en su estómago. Fue un accidente dentro de la boca, no una deglución. La información difundida por la agencia Associated Press deja claro que el kayakista salió por sus propios medios y sin heridas de gravedad. La distinción parece un matiz, pero es exactamente el núcleo de todo este asunto.
No fue un caso aislado. En junio de 2021, el buzo Michael Packard relató que una ballena jorobada lo atrapó brevemente en su boca frente a las costas de Massachusetts antes de escupirlo. El patrón se repite: la boca captura, la boca devuelve. Ninguno de los dos llegó siquiera a asomarse al conducto que lleva al estómago.
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¿CÓMO SE DIVIDE EL SISTEMA DIGESTIVO DE LA BALLENA?
Para responder con rigor conviene desmontar la anatomía en piezas. La boca de un rorcual (el grupo que incluye a las ballenas jorobada, azul y de aleta) es una estructura de captura extraordinaria. Estos animales se alimentan mediante barbas, no mediante dientes. Abren la mandíbula, engullen un volumen colosal de agua cargada de kril o peces, expanden los pliegues de la garganta como un fuelle y luego expulsan el agua filtrándola a través de esas láminas córneas. Lo que queda atrapado es el alimento.
Aquí la anatomía aporta cifras. En un estudio anatómico publicado en 2024 sobre rorcuales, el lumen (el espacio interior) del esófago de varios ejemplares de ballena de aleta midió aproximadamente entre 6,3 y 7,8 centímetros de ancho. Conviene detenerse en ese número: hablamos de un animal que puede pesar decenas de toneladas y cuyo conducto digestivo superior tiene un diámetro similar al de una lata de refresco.
Dicho de modo sencillo: ninguna persona adulta atraviesa un tubo de siete centímetros. La imposibilidad no es cuestión de fuerza ni de suerte, sino de geometría pura. El esófago de un rorcual está dimensionado para dejar pasar kril, peces pequeños y bocados de tamaño modesto, no cuerpos humanos.
EL CACHALOTE: LA ÚNICA EXCEPCIÓN, Y CON MATICES
Ahora bien, sería un error caer en el absoluto de afirmar que «ninguna ballena podría hacerlo jamás». Existe un candidato distinto, y su nombre es el cachalote. A diferencia de los rorcuales, el cachalote no filtra: caza. Posee dientes en la mandíbula inferior y se alimenta de presas grandes, incluidos calamares gigantes, que traga enteras. Su cráneo, su mandíbula y su esófago tienen una arquitectura diferente, con una garganta considerablemente más amplia.
Esa morfología abre una posibilidad teórica. Un cachalote de gran tamaño, capaz de engullir un calamar de dimensiones considerables, sí podría, en principio, admitir un objeto del tamaño de una persona en su tracto digestivo.
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JONÁS Y LA FUERZA DE UNA INTUICIÓN EQUIVOCADA
La pregunta de si una ballena puede tragar a un humano no nace en 2025. Arrastra siglos de relatos. El episodio bíblico de Jonás, “mito de Jonás” engullido por un «gran pez» y devuelto tres días después, Dios le mandó a Jonás ir a la ciudad de Nínive a predicar. Jonás no quiso ir y huyó en un barco en dirección contraria, en castigo desato una tormenta, los marineros lo culparon y fue arrojado al mar; un gran pez tragó a Jonás. Jonás pasó tres días y tres noches dentro del pez. En ese lugar oscuro, Jonás oró y se arrepintió de su desobediencia.
Su persistencia cultural probablemente se explica porque explotan una intuición visual muy poderosa: si una boca parece lo bastante grande, asumimos que todo el animal funciona como una abertura continua hacia dentro. Es un error de escala perfectamente humano.
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