¡Este jugador metió un gol descalzo en un mundial!

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Leónidas Da Silva metió un gol descalzo en un mundial
Leónidas Da Silva metió un gol descalzo en un mundial

LEÓNIDAS DA SILVA FUE LA PRIMERA ESTRELLA BRASILEÑA ANTES QUE PELÉ

Cristiano Ronaldo encendió las redes sociales luego que osara afirmar que se consideraba el ‘Mejor jugador de la historia’ por encima de Diego Armando Maradona, Pelé y Lionel Messi, sacando en cara todos sus récords. Empero hay un récord que no tiene y jamás tendrá: en el Mundial de Francia 1938, Leónidas Da Silva, figura del seleccionado de Brasil y goleador de esa Copa del Mundo con siete tantos marcó descalzo un gol, un hito único en la historia del balompié mundial. ¿Cómo fue? ‘El Pelotero’ te lo cuenta hoy…

El 5 de junio de 1938, el Stade de la Meinau de la ciudad de Estrasburgo albergaba el vibrante duelo de primera ronda entre Brasil y Polonia, con Leónidas Da Silva y Ernest Wilimowski como figuras excluyentes. Claro, entre los dos marcaron siete goles -cuatro del polaco y tres del brasileño- para el 6-5 final en favor de los sudamericanos. Sin embargo, la gesta goleadora de ambos no es lo curioso, sino el detalle de cómo marcó uno de esos tantos el brasileño.

La leyenda cuenta que el barro en el campo de juego era terrible. Las piernas pesaban y correr era tan dificultoso que a Leónidas se le enganchó uno de sus botines en el lodo y, al querer sacar el pie, se le descoció la suela y quedó descalzo. Inmediatamente, el futbolista salió del terreno y le solicitó ayuda a uno de los auxiliares. La demora era cada vez mayor e hizo que Leónidas pierda la paciencia, se saque el otro botín e ingrese al campo de juego descalzo. No contento con eso, recibió la pelota, enganchó hacia el arco y marcó el único gol en la historia de los Mundiales sin botines.

En épocas de VAR, ese gol hubiese sido anulado -ya que un futbolista no puede participar del juego sin tener el uniforme completo-. Sin embargo, el barro era demasiado como para que el árbitro Ivan Eklind se dé cuenta de lo que estaba sucediendo. Así, Leónidas transformó Estrasburgo en algún potrero de las favelas de su Río de Janeiro natal y jugó descalzo solo como él sabía hacerlo, para darle el triunfo a Brasil y anotar su nombre en el libro de las curiosidades mundialistas.

 

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‘DIAMANTE NEGRO’ FUE ANTES QUE PELÉ

Al margen de la curiosidad de su gol descalzo, Leônidas da Silva fue la primera superestrella de la selección absoluta de Brasil, con la que llegó a disputar dos Mundiales: Italia 1934 y Francia 1938, siendo máximo goleador del segundo con siete dianas. Los uruguayos le llamaron ‘Diamante Negro’, los franceses le apodaron ‘Hombre de Goma’, para algunos fue el inventor de chalaca, y hasta lanzaron al mercado una chocolatina en su honor.

Tan elásticos eran sus movimientos que algunos le otorgan el honor de haber inventado la chilena. Difícil saber si fue el primero, pero lo cierto es que Leónidas hizo suficientes méritos para que sus movimientos queden grabados en las retinas de los fanáticos del fútbol brasileño.

A lo largo de su carrera el idilio con el gol fue su constante con más de 400 dianas, con un promedio de un tanto por partido con la ‘canarinha’. Por aquel entonces Brasil aún no se había convertido en la selección potente que todos conocemos hoy en día, no tenía ningún título mundialista ni se destacaba por tener una estrella en su equipo.

Se trata de uno de los dioses del balompié menos valorado y es que destacó en un tiempo en el que las retransmisiones de los partidos por televisión no eran muy habituales. Para los historiadores tan solo han quedado los testimonios de los que lo vieron jugar en directo, crónicas de prensa y radio de la época, escasos vídeos y alguna que otra película futbolera donde participó.


Inventó ‘la chalaca’ y acabó en la cárcel

DEBUTÓ A LOS 17 AÑOS, JUGÓ EN LOS TRES ‘GRANDES’ DE SU PAÍS Y METIÓ GOLES EN DOS MUNDIALES

Leónidas Da Silva
Leónidas Da Silva

Da Silva, nacido en Río de Janeiro el 6 de septiembre de 1913, fue hijo de un marinero y de una empleada doméstica. De niño no dudaba en escaparse de las clases para jugar al fútbol, pero su relación con el balompié evolucionó a otro nivel cuando a los 13 años pasó a trabajar como repartidor de ollas. Entre sus clientes se encontraban los jugadores del São Cristóvão, con los que hizo una gran amistad, y gracias a ello pudo probar suerte en las categorías inferiores de este modesto club que en los años 90 descubriría a otro talento superlativo, Ronaldo.

Pese a ganarse la confianza de los técnicos del fútbol base, no pudo seguir desarrollando su formación. Tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a su madre, y siguió jugando en equipos de los barrios cariocas hasta que le invitaron a probar suerte en el Sirio Libanés, que militaba en la Liga de Río. Con ellos debutó en el primer equipo a los 17 años. En 1931 marchó al Bonsucesso, al cual exigió un par de trajes de última moda y dos pares de zapatos como primas. Además de jugador de fútbol, Leônidas pasaría a ser conocido como uno de los hombres más elegantes de la noche carioca.

Al año siguiente llegó la convocatoria para la selección, su debut con Brasil dejó claro que se trataba de un jugador diferente. Fue en la final de la Copa Río Branco de 1932, ante Uruguay, en el estadio Centenario de Montevideo. Brasil ganó 1-2 con dos dianas de Leônidas. El delantero impresionó tanto a los uruguayos, campeones del mundo, que le dieron el apodo de “Diamante Negro”. Dejó tan buena imagen en el país vecino que, en 1933, fue contratado por el Peñarol de Montevideo.

 

METIÓ OCHO GOLES EN SU SEGUNDO MUNDIAL

Sin embargo, no consiguió adaptarse lejos de la vida carioca y en 1934 volvió a Brasil para jugar con el Vasco de Gama. Esa temporada ganó la Liga de Río y anotó el único gol de Brasil en el Mundial de Italia (1-3 ante la España de Zamora). El año posterior ganó de nuevo la Liga de Río, esta vez con el Botafogo, y en 1936 fichó por el Flamengo. Con los “rubonegro”, Leo se convirtió en ídolo, pero la consagración llegaría en 1938, lejos de los campos brasileños.

En la Copa del Mundo de Francia, el nombre de Leónidas se hizo famoso. Terminó como máximo realizador al anotar ocho goles. Cuatro de ellos fueron marcados en el primer partido contra Polonia (6-5), el último en la prórroga y con el pie descalzo. Marcó en los dos partidos ante Checoslovaquia (1-1 y 2-1), pero debido a una lesión no pudo jugar la semifinal frente a Italia. Brasil perdió (1-2) pero Leônidas garantizó, con dos goles, el tercer puesto para los brasileños contra Suecia (4-2).

Además de goleador del Mundial, volvió de Francia considerado como el mejor futbolista de la época y con el apodo del “Hombre de Goma”. Su popularidad llegó hasta el punto que una empresa de chocolates lanzó un producto bautizado como “Diamante Negro” en homenaje al crack. Avanzado a su tiempo, contrató a un periodista para que se ocupara de su imagen y de sus actividades sociales.

 

ACABÓ EN LA CÁRCEL POR FALSIFICADOR

La fama y la gloria no le apartaron de los momentos desagradables. Tuvo problemas con su técnico en el Flamengo, Flavio Costa, incluso siendo el héroe del título de 1939, y protagonista del documental “Copa Roca: Primeiro Jogo” del director Humberto Mauro. En 1941 fue encarcelado, acusado de falsificar documentos para no servir al ejército. Pasó ocho meses entre rejas, pero él mismo calificó aquella etapa como una de las mejores de su vida, pues “todos los oficiales y los otros detenidos eran mis fans”.

Al dejar la cárcel, y a causa de su mala relación con el entrenador del Flamengo, fichó por el São Paulo en 1942 en el que fue el traspaso más caro hasta ese momento en el fútbol sudamericano, y triunfó por todo lo alto. En 1950 decidió colgar las botas con 537 goles en 593 partidos amistosos y oficiales.

Con todo, continuó marcando goles y ganando títulos. Primero en Flamengo y, después de protagonizar en 1942 el traspaso más caro hasta la fecha en el fútbol sudamericano, en Sao Paulo. Lástima que, por culpa de la Guerra, no pudiera disputar los mundiales de 1942 y 1946. Hubiera llegado con 29 y 33 años, respectivamente. Probablemente su leyenda hubiera sido aún más grande.

En cualquier caso, Leônidas, y coincidiendo con Heleno de Freitas, Zizinho o Ademir entre otros, se llevaría la Copa Roca de 1945 ante Argentina y la segunda plaza en el Torneo Sudamericano de 1946. Se retiraría como futbolista en 1950.

Fue así como decidió convertirse primero como técnico-asistente en el mismo club, y un año después asumió el puesto de entrenador, aunque no duró mucho en el cargo. Entre ambas fechas tuvo de tiempo de realizar su primera aparición como actor en la película “Suzana e o Presidente” de Ruggero Jacobbi, donde se interpretaba a él mismo como futbolista estrella, compartiendo el cartel con los actores Vera Nunes y Orlando Villar.

Posteriormente, daría el salto como comentarista radiofónico, pero en la década de 1970, el alzhéimer y la diabetes ya comenzaban a dañar seriamente sus facultades. Leônidas murió en 2004 en Cotia, São Paulo, por complicaciones de la enfermedad de Alzheimer, la cual padecía desde 1974.

Leônidas da Silva fallecería a los 91 años de edad en Sao Paulo. Se marchaba poco después de ver cómo Brasil ganaba su último Mundial y está sepultado en el Cementerio Morada da Paz de São Paulo. Cómo otra estrella, quese había iniciado en el São Cristóvão como él, Ronaldo Nazario, se consagraba. Cómo su legado continuaba. Porque sí, él fue el que inició el camino de Brasil a la gloria. Él fue el Pelé antes de Pelé. El Ronaldo antes de Ronaldo. La primera gran estrella del fútbol brasileño.

 

ASÍ FUE SU GOLAZO SIN CHIMPUNES

Fue el 24 de abril de 1932, cuando militaba en Bonsucesso, recibió un balón que no alcanzó a dominar ni con la cabeza ni con las piernas por lo que se elevó de lado y, como suspendido en el aire, remató al fondo de la red. Había inventado ‘La chilena’ (conocida como ‘chalaca’ en Perú). Años después Pelé imitó la vistosa jugada y la fila de artistas que la siguen ensayando es interminable.

Leônidas da Silva ejecutando una 'chalaca'
Fue el 24 de abril de 1932, cuando militaba en Bonsucesso, Leônidas da Silva, recibió un balón que no alcanzó a dominar ni con la cabeza ni con las piernas por lo que se elevó de lado y, como suspendido en el aire, remató al fondo de la red.

Y aquél 5 de junio de 1938, en pleno Mundial de Francia, sacó a pasear su genialidad en medio de la tensión de un partido que había terminado 4-4 en el tiempo reglamentario.

Hasta 1938, Brasil estaba lejos de ser lo que es hoy en día. No tenía ningún título mundialista ni se destacaba por tener una estrella en su equipo. Incluso, en 1934 sólo jugó un partido, el cual perdió contra España por 3-1 sin siquiera exhibir su Jogo Bonito ante el público europeo. Sin embargo, Leónidas fue el símbolo de la Brasil empobrecida, esa gente que era invisible ante el Estado y que pedía un reconocimiento como colectivo. Con su forma de jugar, mezclando el baile y la gambeta, ese desparpajo propio de las favelas, enamoró a todos y sembró la semilla de lo que el sociólogo y escritor brasileño Gilberto Freyre llamó Futebol Mulato.

Con 25 años, ya había jugado para los tres grandes del fútbol carioca: Vasco Da Gama, Botafogo y Flamengo. En este último logró un promedio de un gol partido, con 89 goles en 88 encuentros. El Mundial de 1934 lo agarró muy joven y sin experiencia, pero cuatro años más tarde el certamen de Francia llegaría en su mejor momento.

Desde el inicio, el panorama se presentó dificultoso para Brasil. Ya en el primer partido protagonizó contra Polonia uno de los juegos más emotivos y con más goles de la historia de los mundiales. En Strasburgo, Leónidas sacó a relucir toda su magia en los primeros minutos. A tal punto que en 30 minutos iban ganando 3-1, todos goles suyos. Todo parecía bastante encaminado para la verdeamarelha, sin embargo una lluvia torrencial en el entretiempo convirtió la cancha en una piscina. Las condiciones climatológicas hicieron que Brasil pierda la pelota y el dominio del juego. Polonia llegó a empatarlo con dos goles de Williamowski, que competía con Leónidas por quién convertía más goles en ese partido. Perácio puso el cuarto para Brasil y, cuando parecía que todo terminaba, el delantero polaco volvió a igualar el partido. Pero las conquistas no acabaron ahí, porque en el alargue Leónidas convirtió un gol memorable para el público ese día.

Lleno de barro hasta los tobillos, decidió sacarse los botines. El árbitro sueco Ivan Eklind lo obligó a ponérselos de nuevo, pero en una jugada los volvió a perder y siguió. Así fue cómo, después de regatear a un rival, convirtió el 5-4. Ese gol quedaría apodado como ‘El gol de la media’. Eklind no se percató de lo sucedido. ¡Claro, en medio de ese pantanal todas las piernas eran negras! Después de un partido lleno de goles, Brasil ganó 6-5 en el alargue y pasó a cuartos de final.

Finalmente, tras 537 goles en 593 partidos, le puso punto final a su carrera. Nadie igualaría jamás ese gol. Ni CR7…