Novela tomó como referencia el hundimiento del ballenero Essex, en 1820
Los cachalotes son mamíferos relativamente plácidos y han ocurrido muy pocos incidentes en tiempos modernos que indiquen lo contrario. Estos animales se alimentan principalmente de calamares y raramente atacan, solo lo hacen -aparentemente- cuando confunden a otros mamíferos con focas o presas.
En su libro publicado en 1839 sobre la historia natural de los cachalotes, Thomas Beale, un cirujano a bordo de un ballenero, describe al cachalote como «uno de los animales más tímidos e inofensivos, dispuesto a escapar de cualquier cosa que tenga una apariencia inusual».
No obstante, Richard Bevan, zoólogo y profesor de la Universidad de Newcastle, en Reino Unido, señala que la ballena puede recordar si fue atacada en el pasado. «No tengo la menor duda de que un cachalote puede recordar si lo atacaron con un arpón y puede responder agresivamente si siente que está amenazado», explica Bevan.
Sin embargo, la literatura del siglo XIX parece indicar lo contrario: hay numerosas historias cuya trama gira alrededor del ataque premeditado de una ballena -o varias- a una embarcación. ¿Son acaso una respuesta a una amenaza, ocurren por hambre o como en la clásica novela de Herman Melville, se trata de un acto de venganza?
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La trágica historia del Essex
En 1820, una ballena gigante, de cerca de 26 metros de largo -la longitud típica es de 15 metros- atacó y hundió a un barco estadounidense llamado Essex. La tripulación acabó en tres botes a miles de kilómetros de la costa.
Solos en medio del Océano Pacífico, los hombres tuvieron que decidir si ir hacia las islas más cercanas, a miles de kilómetros hacia el oeste, con viento a favor, o realizar un viaje épico de casi 5.000 kilómetros para llegar a las costas de América del Sur. El miedo a los caníbales los forzó a elegir como destino América del Sur. Nunca llegaron.
De los 21 miembros de la tripulación a bordo del Essex, sólo ocho fueron rescatados después de más de 80 días en altamar. Relataron al regreso una historia increíble marcada por el hambre, la deshidratación y una desesperación imposible de imaginar. Dos de los sobrevivientes escribieron la historia.
Owen Chase publicó su relato a los pocos meses de regresar y su texto fue leído por un público numeroso. El otro, escrito por Thomas Nickerson 50 años más tarde, nunca llegó a publicarse. Fue descubierto en un ático en 1960, 80 años después de su muerte.
Los textos difieren en algunos detalles, pero ambos coinciden en su versión de cómo se hundió el barco. Herman Melville escuchó la historia, se reunió con el capitán del Essex y así fue como se inspiró para escribir su novela Moby Dick. El título de la obra fue tomado del nombre de una ballena real: Mocha Dick, avistada por primera vez en siglo XIX por un grupo de marineros cerca de la isla Mocha, en el sur de Chile.
Los marineros solían darles nombres a las ballenas como si fueran mascotas. Tom y Dick eran nombres comunes. Mocha Dick era una ballena albina, descrita por el explorador Jenimiah Reynolds como un cachalote de «tamaño y fuerza prodigiosa… blanco como la lana».
Cerebros gigantes
Descritos en ocasiones como leviatanes -unas bestias marinas que aparecen en el Antiguo Testamento- los cachalotes son en verdad criaturas de proporciones míticas. Tienen los dientes más grandes de todas las ballenas y llegan a vivir más de 60 años.
Pueden bucear a más profundidad que cualquier otro mamífero marino -hasta unos tres kilómetros- para cazar su manjar preferido: el elusivo calamar. Sin embargo, lo que más sorprende es que tienen el cerebro más grande del planeta, uno que, de cierta manera, es más complejo que el de los seres humanos.
Lindy Weilgart, investigadora asociada del departamento de Biología de la Universidad Dalhousie, en Canadá «Yo creo que un cachalote tiene la capacidad de agresión necesaria para atacar un barco, sobre todo una madre, si su hijo está amenazado», explica Weilgart. «Sé que los balleneros por lo general arponean a ballenas jóvenes, pero las mantienen vivas para atraer al resto del grupo familiar que viene en su ayuda, luego arponean a las adultas», dice, una práctica «particularmente cruel».
Venganza vs. azar
Si pueden o no sentir emociones, como el deseo de venganza, es un tema que está en disputa. Pero lo que es notable, en la historia del hundimiento del Essex, es que el cachalote volvió para golpear la nave por segunda vez. «Giré y la vi… justo frente a nosotros», escribió el marino Owen Chase, «acercándose al doble de velocidad, con furia renovada y deseo de venganza».
Si la ballena que atacó al Essex la noche del 20 de noviembre de 1820 lo hizo a propósito o no, es algo que nunca sabremos. Pero el rumor, fascinante, por cierto, de su sed de venganza, vivirá para siempre.
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