Cómo operaba la guerrilla M-19 y qué papel tuvo el presidente electo de Colombia

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Guerrilla M-19
Guerrilla M-19

El triunfo de Gustavo Petro en las elecciones del pasado domingo no sólo es un hito porque por primera vez habrá un presidente de izquierda en Colombia, sino también por tratarse de un exguerrillero. Por ello su victoria se ve como un paso más en la evolución de un país que va dejando atrás la oscura etapa de extrema violencia de finales del siglo XX y como una confirmación del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016.

Gustavo Petro entró en la guerrilla a los 18 años

Ya hay generaciones que no vivieron la violencia como sus padres y abuelos pero, además, la paz ha dado voz a nuevas demandas sociales y económicas, y la ciudadanía colombiana, pese a la desconfianza que suscita en algunos el pasado guerrillero de Petro, ha decidido confiar en sus promesas de reformas estructurales e igualdad.

Su llegada al poder evidencia también la transformación de un político que en su juventud militó en el Movimiento 19 de Abril (M-19), un grupo guerrillero que buscaba imponer sus ideas mediante las armas pero que se diferenció de otras guerrillas de la época en varios aspectos.

Entre ellos, su origen, que se remonta a un supuesto fraude electoral.

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Los inicios

El 19 de abril de 1970, Petro cumplía 10 años.

Ese día se celebraron elecciones presidenciales en las que el conservador Misael Pastrana se hizo con el poder al derrotar al general Gustavo Rojas Pinilla. Los seguidores de Rojas Pinilla, un militar populista que había liderado un gobierno de facto entre 1953 y 1957, denunciaron un más que posible fraude y comenzaron a movilizarse, dando origen al M-19 (por la fecha del 19 de abril) en los años posteriores.

La ideología del M-19 se definió con tres conceptos: nacionalismo, democracia económica y política, y justicia social“, explica el ingeniero, profesor universitario, político y exguerrillero Antonio Navarro Wolff, que fue segundo comandante de la organización.

Además de no ser marxista, algo que la diferenciaba de otras guerrillas de la época, “el Eme” se diferenció en sus primeros años tanto en sus métodos de lucha como en su peculiar estrategia para darse a conocer.

 

El joven guerrillero y concejal

Gustavo Petro entró en la guerrilla a los 18 años, en 1978, cuando residía en Zipaquirá (al norte de Bogotá) y cursaba segundo grado de Economía en la universidad. “La idea de unirme al M-19 me daba susto. No era un asunto cualquiera. Era entrar a una cuestión armada”, afirma en su autobiografía “Una vida, muchas vidas“.

Todo ocurrió de forma muy rápida. Pasamos de los círculos de cafetería y las discusiones abstractas a ser seducidos no solo por la idea de que tocaba organizarse a través de las armas, sino de que a la organización que debíamos pertenecer era el M-19“.

Sobre el motivo de su integración en la guerrilla ha mencionado en varias ocasiones la desigualdad social en Colombia, a lo que se sumaron las ideas izquierdistas entonces populares entre la juventud latinoamericana y del mundo, aunque no las más extremas.

“Esta era una concepción completamente diferente a la del ELN, las FARC, el Partido Comunista o los diversos grupos de izquierda universitaria, que entablaban un diálogo con modelos como el soviético, el cubano o el chino, mientras que nosotros pensábamos en un proyecto propio nacionalista y democrático”.

A los 21 años combinaba su militancia clandestina en la guerrilla con el cargo oficial de concejal de Zipaquirá. Petro, que en esos años militaba en las bases de la organización, reconoce que recibió entrenamiento militar y empuñó un fusil, aunque asegura que nunca tomó parte activa en acciones armadas, algo de los que sus críticos dudan.

 

El M-19 contra todos, incluido Pablo Escobar

A finales de la década de 1970, el M-19 protagonizó varios secuestros y robos (entre ellos el del Cantón Norte del ejército en Bogotá, de donde sustrajeron más de 5.000 armas), aunque fueron los años 80 los de mayor actividad delictiva con ataques armados, atentados y asesinatos.

En febrero de 1980 el M-19 asaltó la Embajada de la República Dominicana, donde se celebraba un cóctel con diplomáticos de varios países a los que tomaron de rehenes. Tras casi dos meses de negociaciones el suceso acabó sin derramamiento de sangre y con varios de sus protagonistas refugiados en Cuba, que en esos años acogía a guerrilleros latinoamericanos y les daba entrenamiento militar.

En plena espiral de violencia en la sociedad colombiana, el M-19 también protagonizó un enfrentamiento abierto con el cartel de Medellín de Pablo Escobar. “Fue el resultado de la actividad armada del M-19 en Medellín. Fue parte del conflicto armado”, indica Navarro Wolff.

Tanto el cartel de Medellín como las fuerzas de seguridad colombianas infligieron numerosas bajas al grupo.

 

Una paz histórica

Petro participó en la segunda mitad de los años 80 en las negociaciones de paz con el gobierno, que no dieron resultados hasta el final de la década. En 1990, tras un último proceso de diálogo de 14 meses, el M-19 y el gobierno colombiano firmaron un acuerdo de paz, el primero entre un Estado y una guerrilla en América Latina. Los 10 puntos del acuerdo incluyeron, entre otras cosas, la renuncia a las armas del M-19 y su incorporación a la vida política del país bajo el nombre Alianza Democrática M-19 (AD M-19).

Gustavo Petro fue uno de sus cofundadores.

Tras una sangrienta campaña en la que asesinaron a su líder, Carlos Pizarro, la AD M-19 logró un 12,48% de los votos con Antonio Navarro Wolff como cabeza de lista en las elecciones presidenciales de mayo de 1990 ganadas por César Gaviria.

El mayor logro del partido llegó meses después: obtuvo 19 asientos, sólo seis menos que el oficialista Partido Liberal, en los comicios en los que se eligieron los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. “La AD M-19 presentó un proyecto de Constitución completa y diría que el 70% fue finalmente incluido en el texto aprobado”, asegura Navarro Wolff, uno de los tres presidentes del grupo redactor de la Carta Magna vigente hoy.