Los vinos tintos más utilizados en la cocina son el Cabernet Sauvignon, Merlot y Pinot Noir. Se seleccionan por su perfil de sabor; los ligeros como el Pinot Noir son ideales para salsas de pollo o pescados, mientras que los más estructurados (Cabernet Sauvignon) realzan estofados y carnes rojas;
Cabernet Sauvignon: Al tener cuerpo potente y altos taninos, es perfecto para estofados, guisos de carne de res o cordero y reducciones intensas.
Merlot: Suavidad media y notas afrutadas. Excelente para salsas a base de hierbas, pollo, pato o preparaciones clásicas como el Coq au Vin.
Pinot Noir: Ligero y sutil, con buena acidez. Muy útil para cocinar platos con setas, salsas de tomate suaves o pescados grasos como el salmón.
Tempranillo: Clásico en la cocina mediterránea. Aporta cuerpo moderado y un matiz especiado que funciona bien con carnes de caza como el rabo de toro.
La Regla de Oro: Usa siempre un vino que tú mismo te beberías. Evita los llamados «vinos de cocina» genéricos, ya que suelen tener conservantes y un sabor artificial que arruinará tu preparación.
Reducción: Para que el alcohol se evapore correctamente y los sabores se concentren (sin el sabor amargo de la uva cruda), deja cocinar la salsa a fuego lento después de agregar el vino.
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