El inicio del juicio contra Frédéric Péchier en Besanzón, en Francia, ha generado un fuerte impacto en la opinión pública. El anestesista, de 53 años, está acusado de haber envenenado a 30 pacientes —12 de los cuales murieron— durante su trabajo en las clínicas Saint-Vincent y Franche-Comté entre 2008 y 2017. El proceso, que comenzó el lunes 8 de septiembre en el Tribunal de lo Penal de Doubs, ha puesto en el centro del debate la seguridad hospitalaria y la confianza en los profesionales de la salud.
La magnitud de los cargos contra Péchier ha provocado una atención mediática inusual. De acuerdo con los reportes recogidos por AFP, la investigación, que se prolongó durante ocho años, indica que las víctimas tenían entre 4 y 89 años y que los hechos ocurrieron en dos de los principales centros médicos privados de Besanzón.
El acusado, que no ha ejercido la medicina desde 2017, permaneció bajo supervisión judicial durante la investigación, sin haber sido encarcelado.
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El método que la fiscalía atribuye a Péchier consistía en manipular bolsas de paracetamol o anestesia, introduciendo sustancias como potasio o lidocaína, con el objetivo de “provocar paros cardíacos en pacientes aparentemente sanos”. Según la reconstrucción de los hechos, el acusado intervenía en las emergencias que él mismo habría provocado, lo que le permitía «demostrar sus habilidades de reanimación» ante sus colegas y, presuntamente, desacreditarlos.




