Transtorno por atracón

0
2172
Transtorno por atracón
Transtorno por atracón

Transtorno por atracón. En cada episodio, el individuo ingiere una cantidad de comida muy superior a la que la mayoría de la población comería en el mismo tiempo y después experimenta un sentimiento de culpa. “No responde a una sensación de hambre, sino a situaciones de ansiedad, malestar e inestabilidad emocional”, apunta Marina Díaz-Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y vicesecretaria de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica. Además, se produce en soledad y, principalmente, por la tarde-noche.

Otro aspecto relevante es que, a diferencia de quienes padecen bulimia, los afectados por trastorno por atracón no hacen nada para compensar esa sobreingesta (ni inducción del vómito, ni purgantes, ni ejercicio intenso). Por eso, tal y como apunta Fernando Fernández-Aranda, responsable de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario de Bellvitge, de Barcelona, “suele llevar a un aumento de peso que, finalmente, desemboca en una obesidad importante”.

CAUSAS

Al igual que en otros trastornos de la conducta alimentaria, las causas del trastorno por atracón son mutifactoriales.

Se han descrito alteraciones neurobiológicas relacionadas con una mayor vulnerabilidad. Por lo tanto, se puede afirmar que “existe una biología que puede determinar este trastorno”, recalca Díaz-Marsá. Bascuas apostilla que “parece haber un patrón familiar que sugeriría la influencia de factores genéticos”.

Pero existen otras posibles causas y no siempre se puede determinar cuál es más importante. Cabe destacar las psicológicas, como la falta de autoestima, la ansiedad, las dificultades en las relaciones interpersonales, problemas para afrontar el estrés…

Asimismo, en muchos casos se puede hablar de causas familiares. Aquí destacan los abusos sufridos en la infancia, pero también los conflictos mantenidos en la familia.

Finalmente, no son desdeñables las causas sociales, plasmadas en la presión cultural que existe alrededor de la delgadez. No obstante, matiza Díaz-Marsá, “esa presión social sería menos significativa en el trastorno por atracón que en la anorexia o la bulimia”.

Transtorno por atracón
Transtorno por atracón

SÍNTOMAS

Un episodio de atracón se caracteriza por los siguientes elementos:

  • Ingestión en un periodo determinado de una cantidad de alimentos claramente superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un periodo similar en circunstancias parecidas.
  • Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio.

Los episodios de atracones se asocian a tres (o más) de los siguientes hechos:

  • Comer mucho más rápidamente de lo normal.
  • Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
  • Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre.
  • Comer solo, debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere.
  • Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.

Además, quienes padecen el trastorno experimentan un malestar intenso respecto a los atracones.

Leer también [4 remedios herbales contra las digestiones lentas]

Finalmente, un factor definitorio de este trastorno es que no se asocia a la presencia recurrente de un comportamiento compensatorio (vómitos, purgantes, etc.).

Prevención

La prevención del trastorno por atracón debe apoyarse en los siguientes aspectos:

  • Alertar de las dietas y las conductas no saludables para el control del peso. Dejar claro que para adelgazar no hay que dejar de comer.
  • Promover una imagen corporal positiva.
  • Evitar el maltrato asociado al peso en el ámbito escolar.
  • Fomentar la educación emocional desde la infancia.
  • Inculcar a los niños la importancia de una alimentación saludable.

TRATAMIENTOS

Las personas con este trastorno deben ser tratadas por un equipo multidisciplinar especializado en trastornos alimentarios, que incluya psicólogos, psiquiatras, nutricionistas y médicos”, resume Bascuas. La psicóloga agrega que se requiere una “intervención global que abarcaría aspectos diversos de la vida del paciente, la gestión del control emocional y alimentario, revisión de hábitos y rutinas poco saludables, dotación de herramientas ante el estrés y la gestión emociona y trabajo en el marco familiar y social”.

El tratamiento tiene dos grandes vertientes: psicológica y farmacológica. “La terapia psicológica que indicamos es grupal, con otros pacientes”, señala Fernández-Aranda. El objetivo es que el afectado se exprese “abiertamente, sin estigmas”.

En cuanto a la terapia farmacológica, se emplean fundamentalmente antidepresivos de la familia de los inhibidores de la recaptación de serotonina y estabilizadores del ánimo, que controlan la impulsividad.

Leer también [A cuidar el corazón]