El último miércoles, cientos de manifestantes se desplazaron en todas las direcciones de la ciudad de Buenos Aires con pancartas con leyendas como «La patria no se vende» en el marco de la manifestación principal, que se realizó frente al Congreso nacional.
La protesta sindical se llevó a cabo en todo el país en rechazo, en particular, a los cambios por decreto del régimen laboral que impulsa el ultraderechista Milei, que limitan el derecho de huelga y afectan la financiación de los gremios.
La huelga general fue convocada por la mayor central sindical de Argentina, la Confederación General del Trabajo (CGT), de orientación peronista, con la adhesión de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), segunda en tamaño.
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La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, calificó a los organizadores de la protesta de «sindicalistas mafiosos, gerentes de la pobreza», e incluyó en su ataque contra parte de la oposición a «jueces cómplices y políticos corruptos, todos defendiendo sus privilegios» frente a las reformas que impulsa Milei, en una publicación en la red social X.




