El Huáscar era la pesadilla de Chile

0
230
El “Huáscar”
El “Huáscar”

El plan chileno para hundir a la nave que dirigía Miguel Grau

Hundir el Huáscar a cualquier precio. Esa fue la decisión tomada en la junta de guerra celebrada en Antofagasta el 27 de septiembre de 1879. El monitor se había convertido en una pesadilla y era el obstáculo formidable que impedía los planes de invasión terrestre. Así lo señalaban los historiadores chilenos Francisco Encina y Leopoldo Castedo.

Al fin el gobierno elaboró un plan inmediato. El 27 de Septiembre se celebró en Antofagasta un consejo de guerra para ponerlo en práctica. Los objetivos inmediatos eran hundir el “Huáscar” a cualquier precio, incluso protegido por las fortificaciones de Arica, e invadir Tarapacá. En la madrugada del 2 de Octubre la escuadra partió al norte y el 3 se estacionó a la altura de Arica. Algunos pescadores capturados confirmaron la salida del “Huáscar” y la “Unión”. En la bahía no quedaba otro buque de guerra que la “Pilcomayo”. Grau acababa de partir hacia los puertos del chileno: No bien hubo confirmado la noticia Sotomayor concibió el plan que condujo el combate de Angamos: Santa María lo aprobó en todas sus partes.

El 7 de Octubre Riveros salió de Mejillones con la orden de cruzar toda la noche al suroeste de Antofagasta “para perseguir a los buques enemigos hacia el norte y proteger Antofagasta en caso necesario”, y se situó frente a Punta Tetas (Antofagasta), que cierra la bahía por el norte: poco después Latorre establecía su crucero frente a Mejillones.

Grau entro en Antofagasta a la 1:00 am de la madrugada del 8 de Octubre de 1879. Como no hallaba naves que torpedear se reunió a las 3:15 con la “Unión”, que había quedado en la entrada de la bahía, y ambos buques se dirigieron al norte; pronto advirtieron a proa (Parte delantera de una embarcación) “3 humos y destellos sospechosos”, y, por precaución, se desviaron al oeste. A la misma hora los vigías del “Blanco Encalada” anunciaron “¡humos a las vista!”. Las 3 naves de Riveros (el “Blanco”, la “Covadonga” y el “Matías Cousiño”) emprendieron la caza. A las 7:17 los vigías peruanos anunciaron, 1, 2, 3, humos al norte: Eran el “Cochrane”, el “Loa” y la “O’Higgins”, que avanzaban a toda máquina, perpendiculares a la costa, a cortar por la proa a las naves peruanas.

La sorpresa creaba a Grau el dilema de huir hacia el suroeste, sin preocuparse del “Blanco Encalada” que venía distanciado, o seguir a toda máquina pegado a la costa, doblando la Punta de Angamos, antes que el “Cochrane”, que estaba a más de 20 millas de la costa, le cortara por la proa.

“La Unión” huyo a 14 millas por hora, seguida del “Loa” y de la “O’Higgins“, que pronto distanció, y alcanzo a doblar libre el Promontorio de Punta Angamos. Latorre ordenó elevar al máximo la presión de las calderas. El calor es tan intenso que los fogoneros caían asfixiados.

Fue necesario que los médicos les suministraran éter para reanimarlos. El “Cochrane” avanzaba perpendicular a las costa, a más de 11 ¼ de millas por hora. Sobre cubierta, Vicente Merino Jarpa, el futuro héroe de la aduana de Iquique. Calculando que el acorazado caería detrás de la popa del “Huáscar”, al aumentar esta velocidad, comenzó a repetir en voz baja, más de manera que los oyese Latorre: “Un cuarto de babor”, “Un cuarto de babor”. El comandante hizo verificar la velocidad de ambas naves y, al comprobar que, en efecto, iba a caer detrás del “Huáscar”, ordenó:
“¡Un cuarto de babor!”: Los muchachos arrojaron sus gorras al aire gritando: “¡Ya es nuestro! ¡Ya es nuestro!”.

La distancia se acortó a 3.000 metros. Grau rompió los fuegos, con la esperanza de que Latorre se detuviera a contestarlos guiñando (breve cerrar de un ojo).
Las punterías de los artilleros ingleses fueron excelentes. La primera andanada de Latorre paso rozando la chimenea del “Cochrane”, un proyectil de la segunda destrozo el pescante de proa y la tercera dio oblicuamente en el blindaje sin perforarlo, mas produciendo una gran conmoción que hizo levantar en las maquinas columnas de vapor. Latorre, se dirigía el combate de pie sobre cubierta, como temiera haber perdido andar, ordeno romper los fuegos. Eran las 9:40 de la mañana y la distancia 2200 metros.

El primer cañonazo de “Cochrane” dio en la torre de combate, matando a 12 hombres. El segundo cortó el guardín de babor de la rueda de combate, dejando al “Huáscar” sin gobierno. 10 minutos después, el 4° proyectil dio en la torre de mando, hizo volar a Grau y dejo moribundo a su ayudante Diego Ferré.

Otro disparo acabo de destrozar el telégrafo de la máquina y la rueda de gobierno. Desde ese momento, los artilleros del “Huáscar” perdieron la fijeza (seguridad).
El monitor, ya sin gobierno, cayó hacia la derecha, a consecuencia de la torcedura del espolón, y describió un círculo hacia el “Cochrane”, manteniendo sus disparos. Latorre hizo una maniobra paralela y la distancia se acorto a unos 450 m. A las 10:10 la tripulación del “Huáscar”, desmoralizada, arrió la bandera.

La pérdida del “Huáscar” repercutió de manera desastrosa en la moral peruana.