El general “Juan sin Miedo”

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Velasco Alvarado
“Velasco era un oficial competente y rápidamente llegó a ser considerado un líder natural por sus camaradas de armas…” (Foto: Arkivperu.com).

Informe chileno de la previa y desarrollo de la operación peruana de recuperar Tarapacá

Crónicas de la frustrada invasión peruana de Chile hace 43 años

“Chile-Perú: una década de tensión. 1970-1979”, es un informe detallado escrito por la periodista chilena Patricia Arancibia sobre el episodio histórico que pudo cambiar el rumbo de nuestros días para 2 naciones que en 1879-1883 pelearon una guerra y en 1975 estuvieron a punto de retomarla.

“Juan Velasco Alvarado —que no escondía su origen humilde— había nacido en Piura en 1909, iniciando su carrera como soldado raso.
“A los 49 años había alcanzado el generalato por sus propios méritos. Orgulloso de sus ancestros, muchas veces se refería a sí mismo como ‘nosotros los motudos’, reivindicando sus raíces frente a la oligarquía peruana, a la que detestaba…

“Por otra parte, su antiimperialismo había surgido siendo un niño, cuando vivía al lado de la refinería de Talara, propiedad de la International Petroleum Company (IPC).
“Apenas una reja separaba su casa de las canchas de golf de ‘los gringos’, las que eran generosamente regadas mientras su barrio contaba con sólo una llave de agua.
“Velasco era un oficial competente y rápidamente llegó a ser considerado un líder natural por sus camaradas de armas.

“Su controvertida y avasalladora personalidad y el temor que inspiraba por su carácter imperativo y brusco, le ganó el apodo de ‘Juan sin miedo’.
“Muchas veces se le escuchó decir que los soldados debían dejar de ser los ‘perros de guardia de la oligarquía’ acusando a ésta de encarnar y difundir el entreguismo de su Patria… “Uno de sus más fervorosos partidarios, Raúl Estuardo, lo comparaba con Túpac Amaru, ‘el rebelde más rebelde que el Perú ha conocido’ y Luis Alberto Sánchez, siendo presidente del APRA, se refirió a él como ‘un resentido social’…

“Convencido de que al Ejército le correspondía un rol protagónico en la reivindicación del pueblo peruano, le asignó las más importantes tareas para el desarrollo económico y social, sin descuidar por ello su obsesión principal: reconquistar los territorios perdidos…”.