Me duele Venezuela

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El Rincon Veneco
El Rincon Veneco

EL RINCÓN VENECO

Por: Alma Llanera

¡Epa mis panas venezolanos y peruanos, qué más! Aquí reencontrándonos en este Rincón Veneco.
No tengo que contar a los peruanos el dolor que se siente estar lejos de su tierra y lo peor que es verla hundirse de a poquitos en el abismo de la pobreza. Cientos de miles de los hijos de esta gran tierra de los Incas lo saben de sobra.

A mí como venezolana me parte toda el alma leer casos como el de Yasmira Castaño, que a sus 40 años y tras recibir un nuevo riñón hace 20, ha debido volver al hospital ya que las medicinas que la protegían del rechazo de órgano transplantado, comenzó a escasear hace meses.
A fines del 2017, tiene diálisis 3 veces por semana para filtrar su sangre en el hospital de la Universidad Central de Venezuela, pero solo porque Dios es grande, ya que le cortan el agua a cada rato y a veces ni la pueden dializar.

Y Yasmira es una de 3,500 receptores de trasplantes en toda Venezuela.
Lloro al escribir esta columna, de impotencia y angustia.
Lloro al saber que mi paisano caraqueño, Ramón Medina, no tiene otra opción que faltar al trabajo para llegar a fin de mes allá en mi tierra.
Como le ocurre a casi la mitad de los venezolanos, gana el sueldo mínimo ($3 mensuales) por lo que cada vez que en su celular suena un aviso, deja su puesto de trabajo en un hospital para poder llevar a casa una de las bolsas de comida que entrega el gobierno y de la que depende para alimentar a su familia.

En un día normal, estima que un tercio de sus compañeros del Hospital Vargas de Caracas faltan a sus puestos para acudir a un segundo empleo más lucrativo o para pasar horas en filas para comprar harina y aceite a unos precios que es imposible dejar pasar.
Esto supone que pocos se quedan en el hospital para cuidar a los pacientes, dijo Medina, de 55 años.

La inflación se ha disparado a más de 1,000%, la escasez es generalizada y una recesión que dicen es peor que la Gran Depresión estadounidense de 1929, y ahora también se dispara el ausentismo laboral.
En las últimas semanas, periódicos y redes sociales se han llenado de reportes de paros en el metro de Caracas o en la petrolera estatal por la falta de trabajadores que, dada la escasez de sus salarios, no se molestan en acudir a sus puestos.

Las empresas privadas se quejan de no encontrar mano de obra suficiente para cubrir la jornada laboral, lo que agrava el estancamiento en las pocas líneas de ensamblaje que siguen funcionando.
No sigo, no puedo seguir, sino para implorar a la Señora de Coromoto por mi tierra amada.